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Virna Lisi, la Marilyn italiana

Fue una estrella fugaz de Hollywood, pero participó en algunos momentos destacables de la historia del cine

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Sencillamente, la figura de la actriz Virna Lisi se resume en esa mirada turbadora que la catapultó al estrellato hollywoodiense: sus ojos azul celeste que asoman al abrirse la gigantesca concha de la tarta de cumpleaños frente a los atónitos ojos de Jack Lemmon. La fascinación se prolonga mientras va emergiendo como la Venus de Botticelli, pero a la americana, con un escueto bikini de merengue pringoso, esa nueva estrella que apenas iluminó unos instantes el firmamento plagado de estrellas fugaces de Hollywood.

Movimiento de caderas

Ese fue el primer y mejor momento estelar de Virna Lisi. Su belleza no fue un impedimento para triunfar en el cine y conseguir el estrellato pero sí una limitación porque a la que fue catalogada como la Marilyn Monroe italiana no le acompañaba ese don perturbado de la actriz norteamericana, capaz de descontrolar a cualquiera con sus movimientos de caderas y su boca rojo eléctrico. Virna Lisi era también de una belleza deslumbrante pero poco sensual. De carnes lechosas, mirada cautivadora y cuerpo neumático. Sólo hay que verla despertarse por la mañana, resacosa, y desperezarse con la misma imitada indolencia de Marilyn en «Niágara» (1953), envuelta en sábanas de seda tan blancas como su cuerpo, en «Cómo matar a su propia esposa» (1965), de Richard Quine, después de la escena del baile frenético en la fiesta.

Virna Lisi era el pseudónimo de Virna Pieralisi. Nacida en Ancona en 1936. Fue descubierta a los quince años por su belleza rubia por el productor Pesce Ettore, que la hizo debutar en «...e Napoli canta» (1953), y obtuvo su primer éxito junto a Totò y Peppino De Filippo en «Questa è la vita» (La patente) (1954), dedicando los años 50 a pequeños papeles casi minúsculos en comedias italianas al uso. Aunque su trabajo para Hollywood se redujo a dos comedias, «Cómo matar a su propia esposa» y «Bromas como mi mujer... no» (1966), con Tony Curtis, siempre interpretó el papel de italiana marimandona, con un nivel de inglés muy limitado. Siempre, eso sí, explotando su parecido con Marilyn, lo que le reportó un rápido pero limitado éxito comercial y escasamente artístico, como le ocurrió a la mayoría de actrices italianas de los años 50 y 60. Comenzando por Claudia Cardinale y Gina Lollobrigida, que junto a Sophia Loren y Virna Lisi pueden resumir la aportación más respetable al Hollywood del color por technicolor de las más bellas italianas de la era dorada de la «comedia alla italiana».

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Sin embargo, Virna Lisi tuvo en Italia unos comienzos notables de la mano del director del Piccolo Teatro de Milán Giorgio Strehler, y en el cine europeo una estupenda interpretación en «Eva» (1962) de Joseph Losey, junto a Stanley Baker y Jeanne Moreau. Con Pietro Germi interpretó «Señoras y señores» (1965), que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y el primer episodio de «Made in Italy» (1965), de Nani Loy. 1965 fue el año de su consagración internacional y el comienzo de su carrera con Frank Sinatra, «Asalto al Queen Mary» (1966), con Tony Curtis, «Bromas como mi mujer... no» (1966), «La hora 25» (1967) con Antony Quinn, y «La muchacha y el general» (1967), con Rod Steiger, de las que poco bueno se puede decir, excepto que reluce como un San Luis la belleza mórbida de Virna Lisi, en pleno naufragio de su carrera internacional.

En los años 70 y 80 es pródiga en papeles poco interesantes y colaboraciones en algunas series televisivas. Habrá que esperar a los años 90 para verla lucir sus dotes de actriz en películas como «La reina Margot»(1994), de Patrice Chéreau, interpretando el papel de Catalina de Médicis, por el que se le concedió en Cannes el Premio a la mejor interpretación, y «Donde el corazón te lleve», de Cristina Comencini, nominada para varios premios y ganadora del Globo de Oro italiano por su extraordinaria interpretación. Luego, hasta su muerte, se dedicó a las series y telemovies en la televisión italiana, donde era una de las actrices más populares. Ha muerto a los 78 años en Roma de un cáncer apenas diagnosticado hace un mes. En Italia era un diosa querida y respetada por el gran público.

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