Cultura

Yoncheva: desinhibición, simpatía, bella voz y buen decir

Obras de Verdi, Leoncavallo, Gilda Ruta, Tosti, Martucci, Tirindelli y Puccini. Soprano: Sonya Yoncheva. Piano: Antoine Palloc. Teatro Real. Madrid, 7 de julio de 2019

Publicidad

Corría marzo de 2009 y el proyecto «Opera Estudio» que llevaba el Teatro Real presentó un «Don Pasquale» preparado bajo la dirección global de Ernesto Palacio y la escénica de Tomás Muñoz. Se trataba de un proyecto pedagógico para acercar los niños a la música y a aquella representación acudieron muchos padres con sus hijos, a pesar de recomendarse para mayores de 14 años. Cantaron, entre otros, el tenor Domenico Menini en el papel de Ernesto, Davide Fersini como Doctor Malatesta y Miguel Ángel Zapater como Don Pasquale, pero sobresalió sobre todos ellos una joven que respondía al nombre de Sonya Yoncheva. Seguro que nadie se acordaba. Ella sí. Lo recordó antes de su primera propina, sintiéndose muy feliz de volver a uno de los sitios donde empezó. Eran, recordémoslo haciendo justicia, los tiempos de Miguel Muñiz como director general y Antonio Moral como director artístico. La soprano regresó en diciembre de 2014 como la Julieta de Gounod y ahora para un extraño recital. Extraño por el acompañamiento con piano y no orquesta y extraño por el repertorio de canciones italianas. Pero también extraño por la parquedad de medios con los que el Real lo presentó. El citado piano, sin las habituales traducciones de los textos en pantallas y con un programa que era una simple fotocopia por una sola cara con el mismo y cuatro líneas sobre los intérpretes. Hace mucho que no veía algo así en un teatro de postín. La sala no se llenó, ni mucho menos, pero sí hubo un público entregado y entusiasta, más de lo que el recital mereció, porque fue perfectamente prescindible.

Sonya Yoncheva se presentó embarazada de siete meses y habiendo cancelado varias actuaciones. Por cierto, la salzburguesa no por su propia voluntad, sino por imperativo legal. No se permite que una embarazada de ocho meses trabaje en un escenario y no pudo firmar su contrato. Apareció con desinhibición total, enseñando pierna y con un escote impresionante que hizo temer a buena parte de los asistentes que pudiera sucederle lo que a Rocío Jurado en TVE. Creo que se equivocó en el orden del programa y que el monográfico Verdi de la primera parte debió ir en la segunda, dada su enjundia, ya que las canciones de Leoncavallo, Gilda Ruta, Tosti, Martucci, Tirindelli y Puccini resultaron demasiado variopintas y con poca conexión. Pasamos de un borrador verdiano para «Tacea la notte placida» de «Il Trovatore» en la primera parte al de otro pucciniano para el vals de Musetta de «Boheme» en la segunda. Hubiera sido mejor finalizar el acto con «L’Esule» de Verdi, una pieza con un recitativo introductorio, seguido por un andante equivalente a un aria y que termina con una auténtica cabaletta. Podría haber pertenecido a cualquier ópera de Donizetti o del Verdi temprano, acompañada obviamente de orquesta. Permitió comprobar el por qué de su posición en el firmamento lírico: bella voz, amplio caudal, buen fraseo, capacidad de matiz y del uso de las dinámicas, simpatía en escena... También la existencia de alguna nota calante en el paso. Cuatro propinas, cantadas sin demasiado interés –«Dove lieta usci» de «Boheme», la habanera de «Carmen», el «O mio babbino caro» de «Gianni Schichi» y el «Adieu, notre petite table» de la «Manon» de Massenet– cerraron el peculiar recital. Yoncheva regresará, en noviembre, al mismo escenario con algo mucho más jugoso: «Il Pirata» de Bellini junto a Camarena.