Champions: el Barcelona vence al Nápoles (3-1) y estará en la final a ocho de Lisboa

Marcaron Lenglet, Messi y Luis Suárez, de penalti. Redujo distancias Insigne. Gran partido de De Jong. Malísima segunda parte. Su rival en cuartos será el Bayern Múnich

A veces por bueno y otras por listo, Messi se las suele apañar para salirse con la suya y ante el Nápoles dos acciones suyas despejaron el camino hasta la final a ocho de Lisboa. Era un partido delicado después del fracaso de la Liga y una derrota hubiera supuesto un terremoto que se hubiera llevado por delante a más de uno, empezando por el entrenador. Pero sigue vivo en la Champions y estará entre los ocho mejores en este particular formato por culpa del coronavirus. Ahora le espera quizá el equipo en mejor forma, el Bayern Múnich.

Y eso que la salida al partido fue desconcertante. Todo es raro sin público, hasta el himno de la Champions, pero el Barcelona salió entre a verlas venir y descolocado. Su presión era rota rápidamente y mandaba el Nápoles. Tanto que al minuto y medio Mertens mandó un balón al palo. Y fue ahí seguramente porque golpeó al balón con la espinilla. Si la toca con el empeine el destino más probable hubiera sido la red. Pero el susto no había terminado. No fue una casualidad esa acción. Durante los primeros minutos el conjunto italiano tuvo el balón cerca del 80 por ciento del tiempo, algo que pudiera parecer impensable. Pero los de Setién no encontraban su sitio hasta que sí lo hizo Lenglet tras el saque de un córner. El francés remató de cabeza el 1-0 para poner a los suyos por delante en el marcador y hacer un giro de guión. La acción la revisó el VAR con cuidado (en realidad, todas las revisa), que tuvo más trabajo del habitual, sobre todo cuando el partido llegaba al descanso. Se serenó el Barcelona, agarró la pelota y cortó la herida que le estaba haciendo el conjunto de Gattuso. Con un De Jong muy participativo y dueño del centro del campo, comenzó a acercarse a la portería de Ospina. Jugaba despacio y aceleraba mientras Messi tuvo su primera diablura. Su gol fue de esos de quien la sigue la consigue, porque estaba Koulibaly y Manolas pero se intentó meter entre ellos, se llevó el rebote y después dejó su calidad con un remate muy colocado cuando estaba cayendo. Al doblar el cuerpo así venció a los rivales a un lado y se hizo hueco para tirar. El doblete del argentino lo impidió el VAR en una acción en la que se ayudó con la mano y que a simple vista era difícil de apreciar. Incluso con las repeticiones en televisión, hasta que una lo dejó más claro. Siguió la tecnología siendo protagonista al pitar después el penalti de Koulibaly a Messi, que se le adelantó. Se confió el central y el pequeñín se metió por un lado. Cuando el jugador del Nápoles quiso despejar lo que chutó fue el pie del argentino, que quedó dañado. Tanto que la pena máxima no la tiró él. Fue Luis Suárez. Estuvo un rato cojeando sobre el césped el “10″ y no se sabía si iba a poder seguir. El tanto de Insigne justo después quizá le convenció de que sí. Le sacó el penalti Mertens a Rakitic, que pecó de pardillo pese a su experiencia.

La buena noticia para el Barcelona fue que Leo si salió en la segunda parte. Fue sólo un golpe, no había lesión. La mala, que el arranque fue otra vez malo. Haber llegado al parón con tres goles podía haber sido una montaña quizá demasiado alta para los italianos. Pero al reducir diferencias, como que se reactivó y la consigna fue clara: salir a morder, arriba, arriesgar porque otro tanto les metía de todas todas en el partido. Y rondó mucho la portería de Ter Stegen, con Fabián, el fantástico centrocampista español, cada vez más protagonista.

Estaba en un tris el duelo, porque la valentía de los de Gattuso les hacía dejar muchos espacios atrás y poder ser atrapados al contragolpe. El mundo al revés, pero Quique Setién había pedido en la previa que sus futbolistas supieran interpretar las situaciones del partido. Estuvieron metidoa en su área más tiempo del deseado, pero aguantaron. Los fantasmas también podían aparecer, porque la Champions es la competición maldita del Barcelona los últimos años, sobre todo tras lo de Roma y Liverpool.

Recuperó el control el Barcelona antes de llegar a esos minutos trampa. Parece que ya está, que sólo se trata de que pase el tiempo, pero otro gol en contra... Y el gol llegó, de cabeza de Milik, que acababa de entrar, pero estaba en fuera de juego. Se resistía Setién a hacer cambios por aquello de a ver si voy a tocar algo y la voy a liar. Incluso cuando Luis Suárez dio señales de cansancio por calambres esperó un poco. Entraron finalmente el canterano Monchu, debutante. Así está el conjunto azulgrana entre la mala planificación, las lesiones y las sanciones.

Le vino de maravilla al Barcelona la vitalidad de De Jong, el mejor en esta segunda parte en la que el equipo en general dejó muchas dudas. Vivió de lo que había hecho antes. Cuidado con eso. Messi estuvo más bien protegido. No estaba cómodo por el golpe, pero no quiso abandonar el partido por si acaso.