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Al Real Madrid le falta vuelo en Villarreal (2-2)

e queda al Real Madrid un último paso, el terminar sus buenos momentos, que los tiene, y no pagar tan caros los errores que comete en la parte de atrás. Es un equipo que no alcanza aún la brillantez y que necesita mucho trabajo para sentirse superior a sus rivales. Aún le falta vuelo, sentirse fuerte. Le sucedió contra el Valladolid en el Santiago Bernabéu y también contra el Villarreal. Zidane dio varias vueltas al choque de ayer, con varios planes y varios jugadores a lo largo de los noventa minutos y el conjunto blanco estuvo serio, encontró a Bale para marcar, pero no ganó y tampoco puede decirse que hiciera un gran partido. A veces da la sensación de que no tiene muy claro cómo atacar y que se equivoca más de lo debido al defender. Porque aún no está en su plenitud o porque Zidane aún no ha encontrado lo que quiere.

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Dice el francés que va a cambiar mucho el equipo y en eso está. Adivinar sus alineaciones es un milagro, pero también el dibujo, que va cambiando, según suceden los partidos. Trabaja el Real Madrid, le pone ganas,pero no es suficientemente superior a sus rivales para manejarse con comodidad.

El fallo de Sergio Ramos antes del minuto diez del encuentro, marcó el destino del Real Madrid. El equipo estaba construido para correr y se encontró con que el Villarreal se echó para atrás y había que navegar mucho para llegar al área. Zidane dio salida a los fichajes: situó a Mendy en la banda izquierda en su estreno oficial con el conjunto blanco y en la delantero dio paso a Jovic. Además, dejó en el banqullo a Modric, pese a que no había jugado el encuentro anterior. Son decisiones inesperadas: o busca porque no lo tiene claro o es que esa va a ser la tónica de Zidane esta temporada. Dibujó un 4-4-2, con Bale y Lucas en las bandas. Durante muchos minutos, el Real Madrid no tuvo más plan que buscar los centros laterales, un recurso que cae en la monotonía. Por eso coloca Zidane a Bale en la izquierda, para que sus pases sean más naturales. En la otra banda, le sale más tirar. Como ocurrió en la segunda parte, en el tanto del empate.

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Le faltó al Real Madrid velocidad en el ataque estático. Lo mejor ocurría cuando la pelota llegaba a Benzema, el futbolista más importante de ataque, muy cerrado en la primera parte, pero el único que aportaba algo distino. Estuvo bien Jovic, con mucha movilidad, enseñando que es algo más que un goleador, un delantero con más campo y con habilidades como la de dar un taconazo para que entre Carvajal y después Bale, hicieran el empate antes de llegar al descanso.

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En la segunda mitad, el Real Madrid tuvo más velocidad y jugó más tiempo en el campo rival. Pero como le ocurre muchas veces, su dominio de la situación poca veces se traduce en oportunidades claras para marcar. La tuvo Kroos en un remate doble que sacó Andrés Fernández. Estaba el Real Madrid más a gusto, con Casemiro jugando muy adelantado y robando balones para que no saliese el rival. Hasta que salió y, pese a que el Villarreal parecía más cansado, marcó.

Otra vez había que volver a empezar, buscar el gol y remar. Lo bueno del Real Madrid es que no perdió la cara al encuentro y que buscó ganar hasta el último suspiro. Zidane cambió de plan sobre la marcha. Volvió al 4-3-3, con Modric ya en el centro del campo y arriba Bale, Benzema y después ya Vinicius. Con Bale en la banda derecha, es decir, un equipo donde hubo menos centros laterales y más jugadas verticales. Aunque le faltó clarida casi siempre para llegar con constancia al área contraria.

Fue Bale quien se inventó el empate que ponía al equipo en el partido. Le gustan mucho esas jugadas al galés: entra al área con la pelota en su pierna izquierda y va buscando portería. Normalmente apunta al palo más lejano del portero. Y por eso engañó al guardameta del Villarreal. Esperaba un tiro cruzado, pero lo que hizo Bale fue rematar al palo más cercano, que no tapaba el portero.

El choque, que nunca fue especialmente bonito, se embarulló más: en el Real Madrid no entendieron una caída de Vinicius que bien pudo ser penalti, pero en la que ni el VAR ni el árbitro dudaron.

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El Real Madrid sabe que el Barcelona no ha empezado con el pie derecho y que estos puntos son importantes para lo que vendrá después. Acabó nervioso el Real Madrid o por lo menos terminó nervioso Bale. Había marcado dos goles y se despidió del encuentro con dos tarjetas amarillas en un minuto.