Remontada para la historia

El Barça hace historia al remontar el 4-0 del PSG. Tres goles en los minutos 88, 90 y 95 convierten en realidad lo que parecía imposible.

Leo Messi (i) celebra con sus compañeros Neymar (C) y Gerard Piqué (d) su tanto .

El Barça hace historia al remontar el 4-0 del PSG. Tres goles en los minutos 88, 90 y 95 convierten en realidad lo que parecía imposible.

Hubo milagro. Lo que parecía imposible, hecho realidad. Y, además, con un final que nadie se esperaba, histórico, de los que se recordarán siempre. Tuvo que remontar dos veces la eliminatoria el equipo de Luis Enrique. El 4-0 de la ida era una losa que parecía insalvable, pero a falta de 40 minutos ya iba 3-0. Le faltaba un tanto para seguir vivo, pero entonces marcó Cavani para reabrir la brecha. La distancia parecía de nuevo imposible. Tres goles necesitaba el Barça. No se rindió el equipo, pero el tiempo pasaba. Se desesperaba Neymar y lo hacía Luis Suárez; le seguía costando entrar en juego a Messi. El PSG ya lo veía ahí. Fácil: resistir cinco minutos más. ¿Fácil? Falta que Neymar clavó. Gol. Uno menos. Minuto 88. Ya no quedaba tiempo. En la siguiente acción, balón al aire y Luis Suárez y Kurzawa que se cruzan en el área. No hubo contacto, pero el uruguayo se fue al suelo. Penalti mal señalado. Esta vez le tocó el turno de lanzarlo a Neymar, el que más lo había intentado del tridente. Gol. Otro menos. Se cumplía el 90 y había cinco de añadido. Momento para la épica, para la leyenda. Otra vez estaba cerca lo que parecía imposible. Sin tiempo, pero más cerca porque en esta ocasión el gol no suponía igualar, suponía la clasificación. Se fue con todo el conjunto español. Hasta con su portero, Ter Stegen, que subió a rematar. Primera falta lateral: despejada por la defensa. Segunda falta, desde más lejos: otra vez el muro, pero el balón le cayó a Neymar. No mandó el balón al área de primeras el brasileño. Hizo un quiebro y templó con la zurda para que Sergi Roberto se colara y se lanzara con todo para rematar el sexto tanto. Increíble. Si alguien no creía en los milagros, ayer fue un día para empezar a hacerlo. El fútbol es a veces así de increíble. En los libros de historia ponía que nadie había podido remontar un 4-0 en la Champions. Ya no.

Castigo para el planteamiento del PSG, que no se pareció en nada al que hace tres semanas trituró al equipo de Messi. Se cumplió parte del guión ideal soñado por Luis Enrique y los suyos: tres minutos, y el primer tanto. El estadio estaba caliente, como había pedido el entrenador, un 10 para la afición, y los franceses decidieron jugar a esperar. La ventaja de la ida, el 4-0, era excesiva y puede generar dudas. ¿Cómo jugar? En París, la fiera presión no dejó moverse al Barcelona. Ayer, se metieron atrás a cerrar huecos y buscar una contra. Ni una cosa ni otra. Se encontraron con dos goles y no mandaron ningún aviso a Ter Stegen pese al esquema agresivo y necesario, casi kamikaze, de Luis Enrique. La defensa no estaba adelantada, vivía en el campo contrario, y tenía que ir al límite: tanto Umtiti como Mascherano jugaban a recuperar el balón antes de que lo tocaran los extremos del PSG, Draxler y Moura. Estuvieron excelentes los dos. Piqué, en el medio, hacía labores de Busquets. Era como si todos los jugadores hubieran adelantado su sitio muchos metros. Lo único malo de eso fue que Messi estuvo encerrado. Le faltó fluidez al conjunto español, pero no corazón. Lo mejor que hizo fue la recuperación tras pérdida, pero con Messi tan tapado echó de menos más clarividencia. Entró por las bandas bien, sobre todo Rafinha por la derecha, mientras Neymar lo intentaba por la izquierda, pero Meunier encontró la ayuda de Moura y Verratti para tapar al «11». El propio Cavani, el hombre de referencia arriba, estaba en la mitad de su campo. Tan metido atrás, el PSG no lograba dar cinco pases. Y el Barça, a falta de brillantez, peleó, desde los habituales guerreros como Rakitic, Busquets o Suárez, hasta los Messi, Iniesta y compañía. Más recuperado, el capitán iba al choque sin problema y su fe dio lugar al segundo tanto del Barça, que Kurzawa se metió en su portería.

Algo tenía que hacer el PSG y no tardó: volvió del descanso y presionó. Era otro partido, más de ida y vuelta, y Messi marcó el primer penalti de la noche, también dudoso, de Meunier a Neymar. Ahí se ponía el Barça a un gol del empate. Restaba más de media hora. Tiempo de tomar decisiones también para Luis Enrique. ¿Seguir con el riesgo y la inercia positiva o meter un defensa más? Decidió continuar en el volcán y se encontró con el tanto en contra de Cavani después de que Kurzawa le ganara un balón por alto a Rakitic e hiciera una dejada. Agua fría contra el éxtasis que estaba siendo el Camp Nou. Perdonó el PSG una de Cavani y otra más de Di María. Siguió atacando el Barcelona como pudo. Más alma que fútbol, hasta que llegó el tiempo en el que los milagros se pueden hacer realidad.