El cava agoniza

Los productores de cava auguran pérdidas de 1.200 millones este año y los de espumoso francés 1.700 millones

El ruido de un corcho disparado al cielo de una botella de cava o de champagne se asocia automáticamente a una celebración. A la alegría y la fiesta. Pero no corren tiempos de celebraciones ni de fiestas y el confinamiento ha aislado al mundo entero. Ya no corre la espuma y la pandemia deja paso, sin haberse ido, al cierre de fábricas, paro y una recesión brutal cercana a los dos dígitos, en el mejor de los casos. La poderosa industria de los espumosos europeos, con el champagne y el cava en primera línea, agoniza.

Los productores del vino francés más glamuroso estiman unas pérdidas acumuladas de 1.700 millones de euros para este año, respecto a los 5.000 millones del récord de 2019, mientras que las cavas catalanas, que ya venían sufriendo el derrumbe del sector por la crisis desatada por los secesionistas, apuntan a 1.200 millones de ingresos menos, según ha recogido la agencia Reuters. El cierre de restaurantes, bares y discotecas, la pérdida de la campaña de bodas, bautizos y comuniones, donde se descorchan millones de botellas en todo el mundo, y la clausura de las grandes fiestas veraniegas en los locales más lujosos de las costas suponen una agujero enorme para el sector, al que se suma la crisis económica y la aún incierta campaña navideña, que podría salvar al sector si no hay rebrotes de por medio. Y lo que es peor, en estos tiempos de desgracias, el consumo de determinados productos de precios elevados o la excesiva ostentación puede generar incluso cierto rechazo.

Millones de botellas se acumulan, pero no toda la producción se puede almacenar. En primer lugar, por falta de espacio y, en segundo lugar, porque las botellas necesitan una atención especial para envejecer en condiciones.

Las ventas en tienda de champagne han caído en Francia un 55% en lo que va de año, un 75% en abril, pero alcanzan el 80% si se tiene en cuenta a la restauración y las exportaciones, según un análisis del mercado efectuado por la firma IRI, recogido por “Los Angeles Times”. En España, donde dos tercios de la producción se exporta, el 60% de las 214 bodegas se han acogido a ERTE y las ventas pueden caer hasta un 40% este año desde los 250 millones de botellas producidas en 2019, el segundo mayor año del cava.

El prosecco crece

Mientras el champagne y el cava tratan de recuperar el pulso, las ventas de prosecco, el competitivo espumoso italiano, han crecido un 0,4% respecto al mismo periodo del pasado año gracias a agresivas campañas comerciales, a las redes sociales y a seminarios telemáticos, entre otras iniciativas.

El desembarco de dos grupos ajenos al sector tradicional en las dos mayores marcas, el alemán Oetker en Freixenet y el fondo Carlyle en Codorniú, suponen un giro en las estrategias del sector, que ha pasado de tratar de competir en prestigio con los champagnes franceses a pelear con el espumoso italiano en el precio.