Los bancos españoles se juegan 44.000 millones en la crisis financiera italiana

Se trata de las inversiones realizadas en el país e incluyen la deuda soberana. La UE decidirá a final de mes si acude en socorro de Renzi

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante una entrevista el pasado 11 de julio
El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante una entrevista el pasado 11 de julio

Se trata de las inversiones realizadas en el país e incluyen la deuda soberana. La UE decidirá a final de mes si acude en socorro de Renzi

La situación de la banca italiana se ha convertido en el siguiente foco de tormenta de la todavía frágil recuperación de la zona euro. El Gobierno de Matteo Renzi negocia desde hace semanas con la Comisión Europea el rescate con dinero público de sus bancos, una operación de alta sensibilidad política envuelta en la falta de información, los rumores y la inquietante sospecha de que algo gordo se está tejiendo. Sólo el tiempo dirá si nos encontramos ante el siguiente cisne negro en los mercados, un término acuñado en 2007 por Nassim Taleb, y que hace referencia a un hecho que los economistas tachan como altamente improbable y capaz de poner patas arriba los parqués

En las últimos meses, el cisne negro parece haber mutado de color y adquirir tintes más claros ante la firme sospecha de que la banca italiana guarda más esqueletos en el armario de lo que muchos sospechaban, fruto de una morosidad que ha ido creciendo lenta pero peligrosamente en los últimos ochos años. La Autoridad Bancaria Europea (EBA) calcula que el agujero de las entidades financieras italianas asciende a 200.000 millones de euros de préstamos irrecuperables, un porcentaje del 16,7% del total. Otras fuentes elevan incluso la cifra hasta los 360.000 millone de euros. Las cotizaciones de la banca italiana han caído en lo que llevamos de año un 60% de media, aproximadamente.

El problema reside en que el caso italiano supone le prueba de fuego sobre la capacidad de la zona euro de aplicar sus propias reglas de manera creíble o de reconocer que éstas simplemente no se pueden poner en práctica. Desde hace un año, las nueva legislación comunitaria sólo permite la utilización de dinero público como último recurso y aboga antes por la asunción de pérdidas por parte de los propios accionistas de los bancos de los tenedores de deuda e incluso de los depositantes con más de 100.000 euros.

Un esquema parecido ya se ha aplicado en los últimos cinco años en otros países. A pesar de que España solicitó un rescate con dinero público de los contribuyentes europeos en el año 2013, las condiciones negociadas con la troika exigieron que los denominados bonistas junior, entre los que se encontraban preferentistas desconocedores del riesgo que entrañaba este producto, pagaran parte del rescate.

Renzi, sin embargo, pretende utilizar el Brexit como su mejor coartada al argumentar que la inestabilidad vivida en los mercados permite la utilización del dinero público sin quitas para los inversores privados.Ya hay dos bandos diferenciados. El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, se opone a estas pretensiones de Roma, al igual que la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager. Al otro lado, un presidente de la Comisión algo más benigno y las presiones del FMI, que pide flexilidad en las ayudas públicos, y del Deustche Bank, que aboga por la creación de un programa más cuantioso de recapitalización bancaria para la zona con dinero público con hasta 150.000 millones de euros. De momento, Bruselas espera. El próximo 29 de julio se sabrá el resultado de las pruebas de estrés efectuadas por la Autoridad Bancaria Europea ( EBA) a las entidades financieras.

Esperar el veredicto

Nicolas Veron, economista del laboratorio de ideas Bruegel, considera que habrá que esperar al veredicto de este examen. Si los bancos italianos tienen problemas, pero siguen siendo solventes, se les podrá aplicar un rescate preventivo en el que sólo asuman pérdidas los accionistas y bonistas junior, al igual que sucedió en España. Su compañera, Silvia Merler, del mismo «think tank», también señala la posibilidad de invocar (tal y como pretende Renzi) el artículo que atañe a circunstancias excepcionales, previsto en las normas europeas, aunque considera este escenario como «rebuscado y poco probable».

Si se impusiera este tipo de respuestas, esto sería «confuso y hasta cierto punto injusto» para aquellos países que aplicaron las reglas de manera estricta como España, Grecia o Eslovenia. La propia Italia ya tuvo que pasar por el aro en 2015 en el rescate a cuatro pequeñas entidades con bonistas junior, que al igual que en el caso de España con los preferentistas, eran pequeños ahorradores ignorantes del riesgo del producto que adquirían. En este caso, se estableció un fondo para compensar a aquellos clientes víctimas de malas prácticas.

El problema reside en que una réplica con proporciones mayores podría estallarle a Renzi en vísperas del referéndum previsto para octubre sobre la reforma de la Constitución, una consulta con tintes plebiscitarios, que podría acabar con su carrera en caso de saldarse con resultado negativo. «Va a ser muy complicada para él, es difícil gobernar la tercera economía del euro», asegura Veron, que cree que Renzi ha renunciado a invocar el Brexit como causa de excepcionalidad en sus negociaciones con Bruselas.

Situación más complicada

«No creo que ésta sea la situación actual, quizás sí hace unas semanas», asegura este economista. En un razonamiento muy parecido al manifestado hace unos días por la comisaria de Competencia, considera que la situación española en los mercados era más complicada que la vivida ahora, ya que la salida de Reino Unido de la UE no está desatando el pánico que muchos temían. Para Meyer, el Brexit puede considerarse una circunstancia excepcional, pero «resulta complicado argumentar que los bancos italianos no tuvieran problemas y debilidades pre-existentes, ya que su pesada carga de créditos dudosos no se ha tratado hasta 2016».

En cualquier caso, el temor a un posible contagio de la banca italiana al resto de las entidades europeas en un contexto de fragilidad económica como el actual está presente en las instituciones comunitarias, a la vista de experiencias pasadas con las entidades de otros países periféricos, incluido España. En el caso español, la exposición directa de los bancos de nuestro país a la deuda soberana transalpina, que se vería muy afectada en caso de que la necesidad del rescate se materialice, no es muy grande: alcanza los 7.408 millones de euros, lo que representa sólo el 0,22% de sus activos totales, de acuerdo con las estadísticas que maneja la EBA. No obstante, la deuda pública italiana en manos de las entidades españolas supera la que posee en otros países periféricos como Portugal (5.492 millones), Grecia (448 millones) o Irlanda (79 millones). A la inversa, la situación cambia. Los bancos italianos tienen una exposición de 231.696 millones a la deuda española, representando el 6,91% de sus activos. El problema de la banca italiana se agrava si se considera que son los principales tenedores de deuda soberana de su propio país, algo por otra parte habitual, representando el 8,11% de sus activos. El vínculo entre estabilidad financiera, deuda soberana y prima de riesgo se hace muy evidente. Algunas fuentes aseguran que, en total, los bancos españoles poseen 44.000 millones de euros en inversiones italianas. Los franceses, unos 250.000 millones.

Las opciones

- Rescate total

Es la opción preferida por Renzi. Supondría una inyección de dinero público sin quitas para los inversores privados, algo contrario a las normas comunitarias.

- Rescate preventivo

Es el modelo aplicado ya en España. Habría inyección pública, pero los accionistas y bonistas junior también sufrirían las pérdidas.

- Otras opciones

Antes de adoptar una decisión, las autoridades comunitarias esperarán a conocer los test de estrés de la EBA a la banca.