Editoriales

El PP crece en un escenario de crisis

Los populares no sólo han dejado de perder votos hacia sus dos flancos, Ciudadanos y VOX, sino que empiezan a recuperar parte de los antiguos apoyos, mientras el PSOE sigue cayendo.

CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA COMUNIDAD DE MADRID
CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA COMUNIDAD DE MADRIDJoaquin Corchero / Europa PressJoaquin Corchero / Europa Press

La encuesta sobre intención de voto que ha elaborado «NC Report» para LA RAZÓN, cuyo trabajo de campo se llevó a cabo entre el 27 y el 30 de abril, tras la primera medida de alivio de la reclusión –la salida a la calle de los menores de 14 años–, acusa una subida neta del PP, tanto en voto popular como en escaños, pese a un notable incremento de la abstención, cuatro puntos porcentuales más que en las últimas elecciones generales, y a que VOX, la formación que lidera Santiago Abascal, apenas cedería uno o dos escaños, y eso en el peor de los casos. Cae también Ciudadanos, que podría perder dos diputados, y que vuelve a ser el partido que menos fidelidad despierta entre sus votantes.

En el ámbito de la izquierda, el PSOE es el más perjudicado, con un retroceso superior a los 770.000 votos y hasta 8 escaños, mientras que Unidas Podemos, más estable, podría perder dos escaños y unos 150.000 votantes. Respecto a los nacionalistas, sube JxC; retrocede ERC y se mantienen el PNV y Bildu. Dado que el crecimiento que experimenta el Partido Popular –hasta diez escaños y un 2,4 por ciento más de los sufragios– sigue siendo insuficiente, al menos, de celebrarse hoy la elecciones, para propiciar un cambio político, la primera conclusión, y la más preocupante, es que el bloque de la izquierda, pese a la caída del voto socialista que pronostica la encuesta, podría mantener el Gobierno de la nación, pero, eso sí, cada vez más dependiente de la benevolencia de los partidos nacionalistas que vuelven a ser decisivos en el mantenimiento de la llamada «mayoría de la moción de censura».

Sin embargo, el sondeo constata la tendencia positiva de los populares, lo que afianza a su líder, Pablo Casado, que no han dejado de crecer desde los comicios de noviembre de 2019, cuando obtuvieron el 20,8 por ciento de los votos, hasta el 23,2 por ciento de esta última encuesta. El PSOE, por contra, encadena las previsiones de descenso, desde el 28 por ciento y 120 escaños de noviembre, hasta el 26 por ciento y 114 diputados, que le concede el presente sondeo. Los socialistas son, asimismo, los que más se decantan por la abstención, con un 8,3 por ciento de antiguos votantes de Pedro Sánchez que afirman que no acudirían a las urnas; porcentaje que se reduce al 3 por ciento en el caso del PP, que es, además, el partido de ámbito nacional con mayor fidelidad de voto, puesto que un 95,1 por ciento de quienes le votaron en noviembre declaran que volverían a hacerlo, frente al 87,3 por ciento de los simpatizantes del PSOE. Es decir, los populares no sólo han dejado de perder votos hacia sus dos flancos, Ciudadanos y VOX, sino que empiezan a recuperar parte de los antiguos apoyos, especialmente de quienes se fueron al partido naranja. Por supuesto, la cuestión que está en la mente de todos es si esa recuperación popular, ya decimos que por el momento insuficiente, puede verse reforzada según cómo derive la crisis económica y social que ha provocado la pandemia de coronavirus, cuya evolución todavía nadie está en disposición de calcular.

Es evidente que las decisiones de Gobierno están perjudicando más al sector socialista del Ejecutivo que a sus socios de Unidas Podemos, cuyas perspectivas de voto apenas menguan, y que las presiones del ala más populista a las que se verá sometido Pedro Sánchez a la hora de adoptar las medidas de choque, recortes presupuestarios incluidos, imprescindibles para afrontar la recesión que se avecina, pueden conducir a un adelanto electoral, a poco que el Ejecutivo sea incapaz de aprobar los Presupuestos Generales con unos socios que, por la experiencia de estos meses de crisis, tienen agenda propia, incluyendo a los nacionalistas de ERC. Otra cuestión es si el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, debería aprovechar las dificultades de la hora presente para forzar elecciones. Quizás sí, pero como último recurso, una vez que fracasara toda oferta de pacto de Estado.