
Polémica en Royal Lodge
El miedo de Carlos III con su hermano Andrés ante un saqueo de objetos de la familia real
Se sospecha que el otrora príncipe planea vender artículos de incalculable valor para la corona. Está desesperado buscando otras fuentes de ingresos

El que fuese conocido como príncipe Andrés de Inglaterra, ahora es tan solo Andrés. El hermano del rey Carlos III, Andrés Mountbatten-Windsor, ha perdido por sus escándalos toda distinción real, condecoración oficial y respeto público. Todos le han dado la espalda, desde la opinión pública, el favor mediático y, lo más destacado, el respeto de su propia familia. Las polémicas derivadas de su estrecha relación con Jeffrey Epstein le han pasado factura, pese a tratar de silenciar a las víctimas que le señalaban con acuerdos extrajudiciales y a golpe de talonario. Ni los millones de libras invertidos en silenciar han logrado acallar las voces.
Pero los desmanes del exmarido de Sarah Ferguson van mucho más allá. También ha tenido líos con la justicia por otros asuntos, como desmanes económicos y también por facilitar información sensible a espías chinos que le vieron como el eslabón más débil. Todo esto no solo ha determinado que se le retire cualquier reconocimiento real, oficial o institucional, también se le condena a no participar en actos públicos junto a su familia y, en lo privado, también le han cerrado las puertas. Pero hay más, pues también se le ha forzado a abandonar Royal Lodge, la casa que ha sido su hogar durante 30 años y que su hermano teme que sea saqueada.
La sospecha de Carlos III con su hermano Andrés
El padre de los príncipes Guillermo y Harry no duerme tranquilo desde hace mucho tiempo. No solo le desvela su lucha contra el cáncer, a pesar de estar celebrando grandes avances médicos y buenos resultados. También sufre por las consecuencias que derivan de las andanzas de su hermano Andrés, que está desestabilizando los pilares mismos de la monarquía británica. Pero también menosprecia el poder del monarca, desatendiendo sus demandas y negándose a cumplir con su voluntad. Así lo hizo al impedir su desalojo de Royal Lodge, donde ha permanecido como okupa durante los últimos meses.

Llegó a esta mansión gracias a un acuerdo con su madre. Isabel II le alquiló el emplazamiento de manera simbólica por “un grano de pimienta”, como así rezaba en el contrato. Aquí ha permanecido durante 30 años, pero su hermano le ha retirado cualquier facilidad que no se haya ganado con su propio esfuerzo, dado lo entretenido que ha estado protagonizando escándalos. Ahora ya está preparando la mudanza, pero sospechan que se llevará mucho más que sus ropajes y enseres personales. Al menos eso es lo que exponen desde la prensa británica, como ‘Page Six’, que le acusan de estar tratando de vender objetos de gran valor para la familia real.
El que fuese duque de York tiene de plazo máximo hasta el próximo 5 de abril, hasta la Pascua de 2026, para dejar la residencia completamente vacía. Pero se entiende que solo se debería llevar sus pertenencias, no así otras que forman parte de la corona. Y es que en este palacete hay objetos de gran relevancia para la familia real. Artículos como joyas y cartas que están siendo catalogados para que no se pierdan en la mudanza y terminen en manos ajenas: “Se sabía que la ruptura con Andrés sería difícil, pero no a esta escala. La posibilidad de que cartas, grabaciones y joyas privadas se hagan públicas se considera el peor escenario posible”, destacan fuentes cercanas a palacio al citado medio.

“La aparición de un solo objeto provocaría una reacción inmediata y generalizada. Pero Andrés y Sarah parecen decididos a convertir el Royal Lodge en una especie de casa de empeños reuniendo objetos que creen poder subastar al mejor postor”, alertan desde la prensa británica. Se hablan de artículos que pertenecieron en su día a la reina Isabel II y que estarían en la propiedad de su díscolo vástago. Uno que pasa por apuros económicos, al ver cómo su hermano le ha cortado el grifo, le ha retirado la asignación oficial, todos los honores, su casa y debe buscarse fuentes de ingresos alternativas para no perder su privilegiada posición. Una desgastada en lo mediático y en lo familiar, pero que se resiste a que sea también económica. Si da el paso de vender objetos de gran valor histórico y familiar, iniciaría una nueva batalla contra Carlos III y, de paso, contra la opinión pública que ya condena cada uno de sus pasos.
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