Portadas "british"
El ocaso de Andy: así retratan los tabloides británicos al expríncipe Andrés en caída libre
De "Taxi for Andy a Now he's sweating": las portadas relatan con saña la imagen de un hombre que fue príncipe y hoy es sinónimo de vergüenza pública mientras la monarquía británica atraviesa su prueba más dura
La escena se ha convertido en la pesadilla favorita de la prensa sensacionalista. El hombre que una vez fue conocido en los titulares como Air Miles Andy, por sus viajes constantes y su glamour pomposo, ahora protagoniza portadas que no buscan empatía, sino exposición sin filtros del declive de un legado real.
Los diarios británicos han desplegado este viernes toda su sátira, incluso crueldad, con titulares que más parecen salidos de una comedia negra que de un periódico serio.
En The Sun, el juego de palabras con su pasado infame toma forma: "Now he’s sweating" -"Ahora está sudando"- un guiño mordaz a aquella entrevista de 2019 en la que él mismo aseguró tener una "condición médica peculiar" que supuestamente le impedía transpirar. Esa frase, antaño objeto de burla, vuelve a resonar ahora como un símbolo de su caída.
Daily Star no se queda atrás y, con tono casi picaresco, encabeza su portada con "Taxi para Andy", evocando la imagen del expríncipe en el asiento trasero de un vehículo policial, capturado por fotógrafos mientras abandonaba la comisaría tras horas bajo custodia. Es una escena que los tabloides celebran como si de un baile final se tratara: Andy, en la parte de atrás, sin guantes blancos ni marchas ceremoniales, solo la fría realidad de las cámaras y la justicia.
The National abre con una imagen de la reina Isabel II, el rey Carlos III y el expríncipe Andrés, y se pregunta: "¿Qué sabían ellos?", cuestionando que los más altos representantes de la Corona fueran ajenos a la turbia relación del exduque con Epstein.
Los periódicos "más sobrios", como The Times, optan por un lacónico "La detención de Andrew", reconociendo en pocas palabras el momento histórico que vivimos: la primera vez en siglos que un miembro de alto rango de la realeza británica es arrestado bajo sospecha de un delito grave. Metro o Daily Express, por su parte, capitalizan la declaración del rey Carlos III: "La ley debe seguir su curso", un intento de poner un marco institucional a una crisis cuyo efecto dominó parece no tener fin.
A través de estas portadas se lee también un reflejo del zeitgeist actual: el público y la prensa han perdido la paciencia con la opacidad y el encanto dudoso que alguna vez rodearon al ahora denominado Andrew Mountbatten‑Windsor. Ya no hay coronas ni favores de antaño; solo un hombre expuesto a la justicia y a la burla de quienes, desde hace décadas, aguardaban su tropiezo.
En un momento en que la monarquía británica intenta proyectar una imagen firme y moderna, la crisis provocada por este arresto -que coincide con su 66º cumpleaños, y que surgió tras nuevas alegaciones y documentación relacionada con su relación con Jeffrey Epstein- ha desatado una tormenta mediática sin precedentes.
Las imágenes de su salida en coche, con mirada perdida y semblante exhausto tras más de diez horas en custodia policial, han dado la vuelta al mundo. Ya no es el príncipe sonriente de antaño: es un hombre observado con una mezcla de morbo y juicio público.
Este tipo de cobertura -cruda, satírica y despiadada- plantea preguntas más amplias sobre nuestro gusto por el fracaso de los poderosos y la rapidez con que un reinado mediático puede desmoronarse en fuegos artificiales de burla y titulares hirientes. Y en ese espejo, Andy no solo se ve a sí mismo: ve la proyección de una época que ya no cree en coronas ni en absoluciones silenciosas.