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Viajes

De las copas a las isotónicas: Íñigo Onieva y su vuelta al mundo de maratón en maratón

El esposo de Tamara Falcó se encuentra en Japón para participar en otra carrera. Quién le ha visto y quién le ve

Íñigo Onieva, marido de Tamara Falcó Gtres

Dicen que la cabra tira al monte, una expresión manida que muchos emplearon para mostrar su desconfianza a la retirada de la vida nocturna de Íñigo Onieva. Cuando se dio a conocer como pareja de Tamara Falcó se le presentaba públicamente como asiduo de la escena ociosa madrileña. No había garito de moda que se le resistiera, y la marquesa de Griñón, más de agua bendita que de agua con misterio, se resignaba a acompañarle de vez en cuando.

Pero la sonada infidelidad de Onieva marcó, como es lógico, un punto de inflexión en su vida de pareja. Tamara le perdonó, sí, pero con la condición de que empezara a reemplazar las discotecas por las bibliotecas, o cualquier otro espacio que no conllevara el peligro de un nuevo desliz. Y aquel fue el germen del nacimiento del nuevo Íñigo, que se volcó en una afición mucho más sana y productiva, el deporte.

El empresario, que está a punto de inaugurar Vega, un club privado que promete convertirse en el nuevo place to be de la jet capitalina, ha cambiado las copas por las isotónicas y desde hace un año se deja ver en cada competición deportiva que se celebra.

El yerno de Isabel Preysler está recorriendo el mundo. Antes lo hacía de festival en festival -como el Burning Man que le costó la ruptura con Tamara-, y ahora lo hace de maratón en maratón. Nueva York, Cervia (Italia), Londres, Campeche (México) o Berlín fueron algunos puntos de la geografía internacional que Onieva visitó para poner a prueba sus límites.

Este 2026 recalará en Mallorca, Vitoria o Chicago, aunque uno de sus viajes más largos será el que haga hasta Japón. Allí, el próximo 1 de marzo, participará en la maratón de Tokio, una competición que se lleva celebrando en la tercera ciudad más poblada del mundo desde 2007.

Una afición para ricos

Está claro que su pasión por el deporte es mucho más sana, pero la fiesta le salía más rentable, y eso que tampoco escatimaba en ocio. Solo inscribirse en la maratón de Tokio le saldrá por 250 dólares estadounidenses, por no hablar de los vuelos y el alojamiento. Unos gastos que se multiplican en cada nuevo lugar que visita para competir.

Por no hablar de la equipación que luce Onieva, que ya se pueden imaginar que no viene de Decathlon. Un dato esclarecedor: solo la bicicleta con la que también ha competido en alguna ocasión cuesta la friolera de de 10.999 euros. Y ese es el precio mínimo, sin extras. Desde luego, sale más barata una noche de cervezas…