Entrevista
La nueva vida de Javier Castillejo tras años en la élite del boxeo: «La fama es mentira. Hoy estás arriba y mañana no»
El boxeador más laureado de la historia de España acaba de abrir un gimnasio, el Conmba Boxing Academy, en una de las mejores zonas de Madrid
No hay otro español que haya obtenido tantos títulos en el durísimo y tristemente ninguneado mundo del boxeo como este madrileño «de Vallecas», como se encarga él de remarcar con un orgullo de titanio. Atesora, entre otros milagros, nueve campeonatos del mundo –es el único español que lo ha logrado en dos pesos–, de los cuales destacan sus dos campeonatos de los pesos medios por la WBA (Asociación Mundial de Boxeo). A sus 57 años, el Lince de Parla, como se le conocía cuando estuvo en activo, pues posee la mirada asesina de un felino, vive el boxeo de otro modo: transmitiendo todo lo que aprendió. En el 2010 montó un gimnasio «que fue muy bien hasta que me arruiné», suelta con una sonrisa. Ahora está en el polideportivo municipal de Parla que lleva su nombre, donde dispone de 600 metros, y acaba de abrir un gimnasio, Conmba Boxing Academy, en una de las mejores zonas de Madrid. En la distancia corta, Castillejo impone: no te mira, te ausculta. Como el cazador. Como el campeón de campeones que fue. En esta entrevista aborda los asuntos fundamentales de su carrera.
Empezó a hacer mucho deporte y entró en el mundo del boxeo un poco por casualidad, ¿cuándo se dio cuenta de que iba a ser más que una afición?
Empecé como amateur y, bueno, vas aprendiendo hasta que debutas, vas peleando, vas compitiendo, vas a los campeonatos de España amateur... Al terminar la mili quise pasar al campo profesional. Tras la cuarta o quinta pelea, dije: «Yo quiero ser boxeador y ser campeón de España». Cuando lo conseguí pensé enseguida en el campeonato de Europa, y cuando lo gané, en el del mundo. Fui de menos a más, como cualquiera que empieza, pero tenía un objetivo claro.
Fue muy ambicioso.
Sí, y eso es lo que me hizo llegar a ser campeón mundial. Porque me he caído muchas veces y me he levantado. Seguí y seguí hasta conseguir mi sueño. Soy muy cabezota.
Los deportistas de élite, como los artistas, son muy perfeccionistas. Si yo le digo 62 y 8, su número de victorias y de derrotas, ¿qué pesa más en usted?
Hombre, las derrotas siempre duelen, algunas más que otras, pero forman parte del aprendizaje y de la carrera del boxeador. Lo importante es que en 72 combates solo he perdido ocho veces, y siete de esas ocho derrotas fueron contra campeones del mundo. Eso es muy importante para mí. Es decir, que no he perdido con cualquiera. Yo siempre salí a pelear al cien por cien, y no me ganaron porque no hiciera bien las cosas o no entrenase lo suficiente o me descuidara, no. Me ganaron porque en ese momento fueron mejores que yo, y ahí no puedes hacer nada.
Laurent Boudouani. ¿Qué piensa cuando le viene ese nombre a la cabeza?
Joder, uno de los grandes boxeadores con los que he peleado. Me ganó el campeonato de Europa en Francia. Yo había ganado anteriormente a un francés, campeón de Europa, en Dijon, y cuando tuve que defender mi título, en una época en la que no había mucho apoyo ni televisión, me tuve que ir a su terreno, a Francia, porque él es argelino, francés. La fecha del combate fue a principios de enero, luego imagínate qué Navidades pasé. Tuve problemas para buscar sparring, porque son fechas muy complicadas, y no fui al cien por cien. Peleé y me ganó. Fue una derrota fastidiada, porque tuve perforación de tímpano. Esa fue mi primera derrota un poquito más seria, más jodida. Nunca volvimos a coincidir. Luego él hizo el campeonato del mundo y ganó, o sea, que fue campeón del mundo aparte de campeón de Europa.
¿El de Óscar de la Hoya ha sido el combate más importante de su vida?
Sí, sin duda. Porque fue en Estados Unidos, en Las Vegas, en el MGM [famoso hotel y casino de esa ciudad], y luego fue con Óscar, que es una estrella y un gran boxeador. Fue campeón del mundo en cinco pesos diferentes y campeón olímpico en Barcelona. Es uno de los grandes.
Pero usted declaró que no iba allí a cumplir, que intentaría ganar esa pelea. Y eso hizo, lo dio todo, y De la Hoya se encontró con un titán.
Sí, se llevaron una sorpresa. Me lo tomé en serio, quería ganar, quería hacer historia, pero él ganó por puntos. La verdad es que se llevó una sorpresa, como te digo, porque supuestamente me iba a noquear y no lo consiguió. Estuve ahí, hice lo que pude. Tampoco estuve muy bien porque tuve problemas con el peso, cosas que pasan. Cometí el error de irme tres meses a Las Vegas a preparar el combate, fue un error grave, porque yo siempre me he concentrado seis, ocho, diez semanas, pero no tres meses. Entonces me vine abajo, nació mi hijo... Mentalmente no estaba bien. Físicamente sí, pero la mente es muy importante. Tú puedes estar cien por cien físicamente, pero si tu mente no está bien no tienes nada que hacer, y mi mente, entonces, no estaba bien.
¿Cuántas veces ha visto las películas de «Rocky» para estimularse?
Hombre, alguna vez, alguna vez, ja, ja, ja. Pero no me gusta mucho verlas porque la gente se cree que el boxeo es así, y eso no es real. Son películas americanas y hay mucha fantasía. Tú no puedes tirar a un tío al suelo y que se levante cuarenta veces. Aunque sí me ha emocionado por la parte del sacrificio y los entrenamientos. Pero la mejor película sobre boxeo que he visto es «Toro salvaje», esa sí que es real.
Usted tiene un palmarés sobresaliente, ¿cómo se vive con eso? ¿A veces piensa en lo logrado y se pregunta cómo ha podido hacer algo así?
Sí que lo hago, macho. A veces miro combates míos y digo «hostias lo que he hecho, he conseguido algo grande, esto no lo ha hecho nadie en España en la historia del boxeo». En fin, creo que eso queda ahí.
¿Es una sensación agridulce? Lo digo porque el boxeo ha sido proscrito durante años por la mayor parte de los medios de comunicación generalistas. ¿El auge de las artes marciales mixtas y la relevancia de figuras como Topuria le vienen bien a ese deporte?
Hombre, se han conseguido cosas importantes en el boxeo. Antes estábamos muy escondidos, era tabú hablar de boxeo, y ahora la gente está entendiendo que es un deporte más, que es un deporte olímpico, y uno de los más antiguos. Tenemos la selección española, que está haciendo un buen trabajo. Chavales que están compitiendo y haciendo un papel magnífico. Pero luego tenemos una campeona del mundo a la que no conoce nadie, una lástima, y tenemos campeones y campeonas de Europa que no son conocidos. Yo no sé qué pasa en este país, pero cuando yo peleaba pasaba lo mismo. Hubo varias etapas, unas buenas, otras malas, pero se escribía de boxeo en los periódicos y se hablaba de ese deporte en la radio, y luego desapareció. Y ahora ha vuelto otra vez. Pero falta lo más importante para que la gente te conozca, que es una televisión.
¿Y es optimista en ese sentido? ¿Cree que tarde o temprano el boxeo estará en el lugar que merece?
Sí, porque es un deporte importante. El boxeo en España ha sido un deporte grande, junto con los toros y el fútbol. Los antiguos boxeadores eran estrellas, grandes figuras. Gente como Carrasco, Velázquez, Urtain. Yo he visto fotos de ellos con el Rey.
De esos nombres, y de otros grandes campeones que hemos tenido, ¿cuál ha sido el que más le ha tocado, al que quería parecerse?
A mí me gustaba mucho Alfredo Evangelista porque era un peso pesado y se movía muy bien. De hecho, hizo historia: peleó a quince asaltos con el más grande, Muhammad Ali, y perdió a los puntos. Hizo un gran combate. Él era un chico joven y magnífico. Ali pensaba que lo iba a tirar como un trapo, y al final dio la sorpresa y perdió a los puntos.
Le pasó como a usted con De la Hoya.
Sí, sí, se creía que me iba a matar y se llevó una sorpresa. Suele pasar. Y Evangelista fue un gran boxeador, boxeaba muy bonito, se movía muy bien para ser peso pesado. Hizo cuatro o cinco peleas muy importantes en Estados Unidos.
Cuando ve, entre la gente que entrena, boxeadores de talento, ¿le entra el mono de «ojalá pudiera volver a boxear»?
Yo lo digo siempre y la gente se sorprende, que echo de menos hasta las hostias. Echo de menos el entrenamiento, que era durísimo, las concentraciones, los combates, los aplausos del público. Porque el boxeo ha sido mi vida y he conseguido todo gracias a él. Y si volviera a nacer volvería a ser boxeador a pesar de la dureza de los entrenamientos y del peso. Porque el boxeo me lo ha dado todo, todo.
¿Y qué tal administró su popularidad?
Yo sé de dónde vengo. A algunos compañeros la popularidad se les subía a la cabeza y yo no lo entendía porque todo es mentira, la fama es mentira. Hoy estás arriba y mañana no. A mí me importa mi gente, mi familia, mis amigos. Si había que ir a algún evento, yo iba; si había que tirarse fotos y firmar autógrafos, muy bien. Pero yo sigo comprando los churros en la churrería de siempre y sigo saludando a los vecinos de mi barrio, donde vive ahora mi madre, como siempre.
¿Qué cree que podría haber hecho si no se hubiera dedicado al boxeo?
Me hubiera gustado ser torero. Me hubiera metido en la Escuela Taurina de Madrid porque me gusta, me llena, me transmite. Y luego tiene muchas cosas en común con el boxeo. Mira, toreros arriba, que se les salen los billetes, hay cuatro, y en el boxeo también. Y en la cubierta de Leganés hay 15.000 personas gritando «¡Javier Castillejo!», pero tú estás solo ante el peligro, estás con el toro solo, estás solito. Tienes que entrenar mucho, y los toreros entrenan en el campo mucho, y tienes que decir que no a muchas cosas de tu vida. Te dicen: «Vamos a la discoteca con unas chavalitas...», y tú: «Es que tengo que boxear o torear el mes que viene». Porque tienes un contrato y son deportes muy duros. El boxeo y el toreo tienen mucho en común.
¿Y entonces qué hacemos, Morante o Tomás?
Hostia, es como si me dices Pelé o Maradona. Es que no se puede comparar. ¿Bahamontes o Induráin? Me lo pones muy difícil. En el boxeo hay tres distancias, larga, media y corta, y yo peleaba en la media, la de los billetes, la del peligro, muchas me la comía, pero yo estaba ahí, ¡pam! ¡pam! ¡pam! ¡pam!, en la media distancia, como José Tomás, ja, ja. Tomás es un grande, pero Morante también. No se pueden comparar.
¿Y qué matadores le han emocionado más?
A mí me gustaba Joselito. Y me he fijado mucho también en Espartaco. Y Manzanares padre, cuidado.