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Miedo a la guerra

Sara Verdasco detalla el miedo de Ana Boyer atrapada en Doha: “Mis sobrinos creían que eran fuegos artificiales”

La hermana de Verdasco habla sobre la situación de su familia en la capital de Qatar, viendo las bombas cruzadas entre EEUU, Israel e Irán

Fernando Verdasco y Ana Boyer Gtres

Estados Unidos e Israel han aunado fuerzas para tumbar a un enemigo común, Irán, ante el riesgo de que avance en el desarrollo nuclear. El mundo se encuentra paralizado ante la escalada bélica en Oriente Próximo, con el espacio aéreo cerrado y dejando a muchos turistas y residentes españoles atrapados y sin opciones a huir de sus refugios. Todo ansían regresar a España para reencontrarse con su familia y dejar atrás la amenaza que supone escuchar los misiles impactar y estar en medio del fuego cruzado. Así están, por ejemplo, Ana Boyer y Fernando Verdascojunto a sus hijos, en Doha, a la espera de una vía de escape.

“Debido a motivos ajenos a la firma, nos vemos en la necesidad de posponer el photocall con Ana Boyer previsto para el próximo 4 de marzo”, anuncian desde Rabat la cancelación de su cita con la hija de Isabel Preysler. La protagonista, ante la preocupación que se había generado ante esta noticia, escribió en sus redes sociales: “Muchas gracias por todos vuestros mensajes. Estamos bien y con la esperanza de que termine pronto. No tenemos miedo porque sabemos quién nos va a proteger”. Ahora amplía la información de su situación su cuñada, Sara Verdasco, que muestra su preocupación por tener a su familia lejos en tan delicado panorama.

Sara Verdasco ofrece la última hora sobre su familia en Doha

Ana Boyer se encuentra en la recta final de su cuarto embarazo, fruto de su matrimonio con el tenista. La vida que ha diseñado con Fernando Verdasco le obliga estar constantemente de viaje, pero estableciendo su vida principalmente en Doha, capital de Qatar. Aquí, junto a sus tres hijos y el cuarto que está por venir, la familia se encuentra refugiada en una jaula dorada amenazada ahora por los misiles cruzados entre EEUU, Israel e Irán. Ante la falta de novedades y el silencio de los protagonistas, ha sido Sara Verdasco quien ha tranquilizado el ambiente.

Sara Verdasco en una imagen de archivoGtres

Aunque siempre se ha mostrado discreta ante la prensa y no es muy dada a compartir detalles sobre la vida de su hermano y su cuñada, esta vez ha hecho una excepción. Entiende lo extraordinario de la situación en la que se encuentran en Doha, de ahí que no haya tenido reparos en responder a las preguntas de los reporteros de ‘Gtres’: “Sí, bueno, ellos están tranquilos porque están bien y estamos más nerviosos casi nosotros y preocupados que ellos, pero ellos están bien”, subraya despejando la incertidumbre reinante.

Sara Verdasco reconoce que la familia lo está viviendo con especial preocupación, aunque les alivia el talante con el que están afrontando Fernando y Ana Boyer el riesgo sobre sus cabezas: “Bueno, les vemos a ellos tranquilos, entonces pues te tranquilizas, pero están lejos y con todo el conflicto que hay ahora y viendo los acontecimientos, pues preocupados”, mantiene. Desvela como detalle que sus sobrinos es Doha “no están yendo al colegio” y que la familia al completo “tiene que estar en casa y con todo lo que puedan necesitar y ellos están preparados y siguiendo las indicaciones que les dan allí”.

La intención es regresar a España lo antes posible y dejar la guerra atrás, especialmente por el nacimiento de su cuarto hijo, pero “no han podido venir, claro, Ana iba a venir ahora, luego también iban a venir mis sobrinos y mi hermano, pero lo han tenido que cancelar y hasta que no se abra el tráfico aéreo, pues nada, se tienen que quedar allí”, resuelve. Mientras tanto, Sara Verdasco reconoce que están en constante contacto con ellos, quizá “más que nunca, al día podremos hablar tres o cuatro veces por vídeollamada para ver a los niños, para verles a ellos y para estar tranquilos nosotros”. Dice que los niños lo viven con más naturalidad, pues “al principio se creían que eran fuegos artificiales, porque desde su casa se ven y les dijeron que eran fuegos, pero ya van empezando a entender un pelín más, sobre todo mi sobrino mayor, Miguel, que ya con seis años…”.