Fiorella Faltoyano por fin cuenta quién fue su padre

Repaso al fin de semana como principio de otra. Exaltan la paciencia de Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno, tragándose hasta cuatro desfiles seguidos de la tediosa «Fashion Week» madrileña. La política, con su personalísimo estilo indumentario nada «pepero», cautivó lo mismo a los fotógrafos que a una Cuca Solana que anoche celebró con mariscada sus bodas de oro matrimoniales con Luis Solana.

Nuria Sardá aportó a la jornada una nota del revisteril Paralelo barcelonés con los musicales de Joaquín Gasa, Pepe Buiza y Matías Colsada. Conforman una época única, en la que el Molino –uno de los espacios más carismáticos de El Paralelo–, ahora remozado, no puede equipararse a lo que fue en la época de Bella Dorita, Mary Mistral y Gardenia Pulido. Su espectáculo actual no mantuvo raíces, algo de lo que se acusa también al de Sardá, que quita elegancia a lo íntimo. Nada que ver con el comunicado de Carmen Borrego, hija pequeña de Teresa Campos, anunciando boda el próximo 9 de julio. Otros prefieren sacarle punta al caso sospechoso de por qué Emiliano Suárez montó fiestón en Luzi Bombón, uno de los muchos restaurantes de la barcelonesa Rosa Esteva, y no en su local gastronómico, casi fronterizo. Da para malpensar, será que sus socios no encontraron lógico ser arte y parte. Provocó conjeturas y sospechas.

Las mismas que originaron las «Memorias de Fiorella Faltoyano». Hoy las presenta en la Sociedad de Autores arropada por Fernando Méndez-Leite, su pareja desde hace veinte años. Nada que ver con la discrección desplegada por Lola Herrera en «Me quedo con lo mejor», más retazo que autobiografía. En el libro de Faltoyano sorprende que la actriz malagueña lo cuenta todo, desde el cabreo de Pilar Miró cuando ella heredó o le birló el amor de Mario Camus, hasta su dilatada relación con el poder, ya se llamase Chicho Ibáñez Serrador o Adolfo Suárez. Incluso descubre una audiencia que le solicitó al Fraga ministro, para protestar porque determinado realizador la excluía de los repartos televisivos. No calló nada y lo refresca ahora, con 65 años espléndidos en lo físico y unas ganas de contar que evoca la franqueza de los grandes de Hollywood. Fue «musa» de la Transición en «Asignatura pendiente» y «Solos en la madrugada», donde la desaparecida Marisa Casanova la enfadó. Reconoce sus múltiples coqueteos incluso casada con José Luis Tafur, y también algún fracaso escénico emparejada a Cristina Higueras. Además, cuenta cómo pasó de enamorada de Vicente Parra a prendarse de su galán extranjero en otra película. Le seducía la mitomanía y esta vista atrás, a veces hasta con ira, es un espléndido retrato de la vida teatral y televisiva de los últimos cincuenta años. Empezó muy joven y Nati Mistral le dio la alternativa, contratándola como una de las viudas aconsejadoras en «La corte del faraón», donde formó trío con Esperanza Roy, también casi debutante, y Pilar Clemens, que durante temporadas fue primera bailarina de Celia Gámez en un tándem con María Goyanes. Por encima de su repaso profesional, destaca la peripecia humana que hasta 2012 la mantuvo intentado descubrir quién fue su padre porque el hombre que la prohijó tras unirse a su madre escondió lo entonces imperdonable: que era hija de soltera. Finalmente, investigó y supo que nació de un alcalde gallego que al morir dejó dos millones en herencia. Esa cantidad la animó a someterse al ADN, exhumar al difunto y llevarse parte de lo que le correspondía como legítima en la sombra. La defunción paterna espoleó su curiosidad reivindicadora y supone el remate a 400 páginas donde hay de todo. No tiene desperdicio.