José Luis Gil: "El político no ve más allá de las próximas elecciones"

El concejal de Juventud y Tiempo Libre más famoso de España está de gira estos días con la obra «Cyrano de Bergerac» que parará en Logroño el 6 de septiembre, en Oviedo el 13 y 14 y en Úbeda el 30. Con su aspecto «quijotesco» interpreta a este clásico personaje a quien los complejos impiden lanzarse a conquistar a su amada, por lo que opta por al menos hacerlo a través de un apuesto aunque torpe tercero. Tras 16 años actuando como presidente de un loco vecindario, reconoce que al vecino que no aguanta es al típico «cuñao» que aparenta saberlo todo. Un documental de Netflix es su próximo proyecto.

¿Cree que a Cyrano le habría ayudado tener Tinder?

(Se ríe) No, no lo creo. Él tiene muy claro quién es su amada. De hecho, su amor es tal que prefiere sentirlo a través de un tercero que no vivirlo. Además, él piensa que su barrera para conquistarla es su aspecto físico, el gran tamaño de su nariz, pero en realidad es su miedo al ridículo.

Las típicas frases de ánimo de «el no ya lo tienes» o «si no ligas es porque no quieres» ya se decían en la época de Edmond Rostand (autor de Cyrano)?

Seguro, en las tácticas para ligar no descubrimos nada nuevo. Los clásicos son clásicos no porque estén desfasados, sino porque tratan temas reconocibles para cualquier ser humano. Los sentimientos cambian poco.

¿La figura de intermediario que ejerce Cyrano se ha perdido con las redes?

No, las redes sociales son ahora el intermediario, es el refugio tras el que escondes tus miedos. Lo malo es el anonimato, es lo que las hace perder credibilidad. Pero afortunadamente hay algo maravilloso que se llama «bloquear», un mecanismo de defensa natural que ha existido siempre.

Así lo hizo con Gabriel Rufián.

Le prometo que no me acuerdo de cuándo lo hice, de hecho al principio me resultaba simpática su presencia transgresora en el Congreso. Pero luego te das cuenta de que es un provocador más y te cansas. Piensas «este señor no ha leído los libros que yo he leído o al menos no todas las páginas». Los políticos son muy selectivos a la hora de escoger solo argumentos a su favor. Aun así, he de reconocer que sí me hizo gracia la forma en que lo hizo público. –Rufián publicó hace unos días en un tuit: «Para un presidente que me gustaba»–.

¿El debate del límite del humor es una cuestión más de calidad que de sensibilidad?

Sí, el talento es el baremo universal. Hay gente que puede decir las mayores barbaridades que se te ocurran pero que al hacerlo con tanta brillantez, aunque estés en las antípodas de lo que expone, te puede hacer gracia. Muchos sectores a los que ataca el personaje de Antonio Recio se ven a la vez identificados en él porque, aunque sea de una forma exagerada, narra situaciones que ellos viven. A mí me fascina el humor inteligente de Les Luthiers o Monty Python. La libertad de expresión no debe ser una excusa, es un valor que estamos denostando nosotros solos al refugiarnos en un «todo vale». Las leyes deben evolucionar en este aspecto.

Se despedían hace unos días de su compañero Eduardo Gómez, fallecido hace un mes a los 68 años. ¿Había algo del personaje de «Mente fría» en él?

No, pero su rol estaba tan hecho a su medida que entiendo que la gente se confunda. El guión le daba tal credibilidad que se podía pasar hasta por astronauta de la NASA. Era el líder. Eduardo tenía un sentido del humor excepcional, pero era incapaz de hacer las envolventes de su personaje.

En la cartelera de este verano, cargada de «remakes», ha puesto voz por cuarta vez a Buzz Lightyear (de «Toy Story»). ¿Hay sagas que continuarán hasta el infinito y más allá?

No, todas deberían tener un final, sobre todo en este caso, en el que creo que se han hecho cuatro grandes películas.

¿Qué se avecina en el Congreso este controvertido septiembre?

No lo sé, pero cualquier cosa que suceda ya llega tarde. No sé cómo el largo periodo que estuvimos sin gobierno no les hizo darse cuenta de que no son tan imprescindibles. El político es algo que no ve más allá de las próximas elecciones.

Es confeso del Real Madrid, ¿es la clase de aficionado que traería a futbolistas como Neymar a cualquier precio?

No, soy un poco americano en eso, no lo veo más que como un «show». Nunca he ido al Bernabéu, no me apetece escuchar a 90.000 entrenadores. El forofo a veces es desagradable.