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De regalo a reliquia: la historia del cuadro perdido de la duquesa de Alba
Un bodegón pintado por Cayetana y regalado décadas atrás a una anciana de 92 años ha salido a la venta por 8.000 euros. Cayetano Martínez de Irujo asegura no tener interés alguno en la obra, generando controversia sobre el valor sentimental y económico de esta pieza
La duquesa de Alba era conocida como mecenas y por su extensa colección de arte, pero también se dedicaba a pintar de manera personal. Aunque no alcanzó fama como pintora profesional, practicaba esta disciplina como afición y algunas de sus obras se hicieron públicas en exposiciones menores. Su interés por el arte no se limitaba, por tanto, a admirar el talento de las grandes figuras, también disfrutaba de la creación artística como expresión propia.
La pintura era, igual que el flamenco, un hobbie creativo en el que plasmaba su sensibilidad artística. Sus obras destacan por un gusto ecléctico y refinado, acordes con su propia personalidad. Pintaba sobre todo retratos, bodegones y paisajes, siguiendo en gran parte la tradición clásica española que admiraba.
Usaba principalmente acuarela y óleo, aunque también experimentó con lápiz y técnicas mixtas. Sus trazos mostraban un estilo delicado y detallista, muy en línea con su formación artística privada y su conocimiento profundo del arte europeo.
El inesperado bodegón
Algunas de sus pinturas se mostraron en exposiciones privadas y benéficas, pero nunca buscó convertirse en una artista profesional. Ni ella misma habría imaginado que, en el centenario de su nacimiento y casi doce años después de su muerte, una de sus obras fuese a generar la controversia mediática que hoy vive la familia Alba a causa de un bodegón atribuido a la propia aristócrata.
Su salida a la venta en un portal de segunda mano por 8 000 euros ha despertado curiosidad y un intenso debate en las tertulias sobre su autenticidad. La pintura, un bodegón firmado con el nombre de doña Cayetana y acompañado de un documento que, según la vendedora, avalaría su originalidad, perteneció durante décadas a Inés, una mujer de 92 años con un parentesco muy lejano con la Casa de Alba.
Según ha contado la propia Inés en el programa de televisión "El tiempo justo", solo vio una vez a la duquesa en persona. Hubo confianza suficiente como para pedirle uno de sus cuadros, un gesto que doña Cayetana complació regalándole la obra. La pintura, desde entonces, presidió el salón de Inés hasta que la anciana decidió ponerla a la venta simplemente porque "a su edad le va bien el dinero".
La anécdota ha suscita interés por lo que representa. Se trataría de una pieza de arte con un origen poco documentado, un valor económico modesto en comparación con las grandes colecciones familiares, y una historia humana detrás.
Respuesta: entre el desdén y el silencio
La reacción familiar, o la falta de ella, ha avivado aún más la polémica. Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la duquesa, admite conocer a Inés, pero asegura no tener constancia alguna de la existencia de ese bodegón en particular. En un acto público, cuando Europa Press le preguntó por la obra, respondió con desdén: "Me trae sin cuidado… no sé de qué me está hablando, no lo conozco".
Por su parte, Eugenia Martínez de Irujo, no ha respondido a los intentos de contacto para comentar el asunto, según relatos del programa televisivo. La historia también ha “contagiado” al ámbito mediático más allá de la aristocracia. El estilista y colaborador televisivo Pelayo Díaz ha expresado su interés en adquirir la obra, no tanto por su valor afectivo sino como inversión, pues sugiere que en el mercado adecuado podría revenderse por el doble en poco tiempo, según el mismo programa. De hecho, la puja podría haberse disparado en las últimas horas hasta superar los 60.000 euros.
¿Obra menor o pieza de colección?
La pregunta que sobrevuela este episodio es la autenticidad y el valor real de la obra. Aunque la pieza está firmada y acompañada por un documento que supuestamente acredita su origen, no se ha dado a conocer ninguna verificación por parte de expertos en arte o de instituciones vinculadas al patrimonio de la Casa de Alba. Esto deja abierta la puerta tanto a sospechas de falsificación o atribución dudosa, como a interpretaciones más románticas como obra menor de una duquesa aficionada a la pintura, que nunca formó parte formal del acervo familiar.