Hamsters en la noria

Dirección: Michael Winterbottom. Guión: M. Winterbottom. Intérpretes: Steve Coogan, Rob Brydon, Margo Stilley, Claire Keelan. Reino Unido, 2012. Duración: 107 minutos. Comedia.

No es casual que Steve Coogan y Rob Brydon se pasen la mitad del metraje de «The Trip» haciendo imitaciones de personajes famosos. Desde Richard Burton a Woody Allen, pasando por Michael Caine, los dos cómicos británicos comparten mesa en una ruta gastronómica por el norte de Inglaterra sin que caigan las máscaras. ¿A quién están interpretando interpretándose a sí mismos? ¿Cuántas capas de realidad y ficción existen en la propuesta de Michael Winterbottom? ¿Cuánto de sí mismos revelan en las escenas en las que la risa oficia de escudo protector y en las que, a solas, se enfrentan a sus fantasmas (Coogan) o demuestran por teléfono el cálido afecto por su mujer (Brydon)? ¿Cuánto de sí mismos hay en su manifiesta rivalidad, en su postiza y provisional amistad, en sus comentarios a veces insidiosos sobre los exquisitos platos que comen día tras día? ¿Cuánto hay de sí mismos cuando se convierten en otros, que a su vez juegan a convertirse en otros?

Concebida como una serie de seis episodios de media hora y condensada para su exhibición en salas, en «The Trip» Winterbottom sigue preguntándose sobre la delgada línea que separa documental y ficción (como en «In This World»), sobre la simbiosis entre persona y personaje (Coogan en «24 Hour Party People»), sobre las estructuras narrativas construidas como geométricas corrientes alternas (la mezcla entre porno y musical de «9 songs»). Sus vínculos con la práctica de un cierto pos humor adicto a la improvisación o sus parecidos con las «bromantic comedies» americanas de Judd Apatow y coetáneos son evidentes, aunque el resultado, más cerca de lo conceptual que de lo narrativo, apenas deja espacio para que los actores se salgan de su estereotipo.

«The Trip» es una película a ratos hilarante, a ratos melancólica, pero este crítico tiene la sensación de que la impaciencia innata de Winterbottom, el Takashi Miike del cine británico, le impide ir más allá del juego de máscaras. El viaje acaba donde empezó, y nada nos indica que haya habido ninguna evolución dramática en sus protagonistas. Son como hamsters dando vueltas y vueltas en la noria de sus jaulas.