África

Nigeria: el Islam o la muerte

Durante el último mes han muerto 140 personas a manos de los integristas de Boko Haram

Un grupo de nigerianos observa los restos de una iglesia cristiana atacada por los islamistas de Boko Haram, el pasado 17 de junio en Kaduna
Un grupo de nigerianos observa los restos de una iglesia cristiana atacada por los islamistas de Boko Haram, el pasado 17 de junio en Kaduna

Boko Haram no da tregua a Nigeria. Desde comienzos de año, cada domingo atacan a cristianos. Los nigerianos no musulmanes son su objetivo. Mientras que en el sur del país, de mayoría cristiana, todo está más tranquilo y el norte comenzó siendo muy violento a finales de 2011, ahora la milicia islamista se ha focalizado en la zona conocida como el «cinturón central», donde sus habitantes describen la situación como de auténtica «guerra».
A comienzos de mes, un grupo de nigerianos asistía al estudio semanal de la Biblia en la iglesia de la Vida Más Profunda de Okene, en Kogi. De repente, los integristas apagaron el generador para después bloquear todas las salidas. Acto seguido, dispararon durante 20 minutos. El balance de muertos fue 16 muertos. Hace un mes, en el estado de Plateau, Boko Haram, que significa «la educación occidental es pecado», asesinó a de 63 personas en diversos ataques en pueblos de la zona. Los medios locales lo atribuyeron a problemas raciales y culparon a la etnia fulani. Al día siguiente, cuando se celebraba el entierro, un grupo de hombres abrió fuego contra los participantes en el sepelio. En total, 140 fallecidos, entre ellos un senador y un legislador. «Por el éxito en Plateau y en Kano, llevaremos a cabo más ataques», firmaba en un comunicado Abul Qaqa, quien advirtió a «los cristianos de todo el país a que adopten el islam o serán atacados». Abul Qaqa también intimidó a las Fuerzas de Seguridad : «Serán nuestro objetivo hasta en sus hogares. No habrá un lugar donde se puedan esconder».
Con este mensaje tan explícito se crea un conflicto más en el país: el Gobierno intenta reforzar los estados más conflictivos del «cinturón central» y para ello quiere que los miembros del Cuerpo Nacional de la Juventud presten su servicio. Obviamente, los del sur se niegan a tener que desplazarse, pues aseguran que su vida corre más peligro.
«Decenas de miles de cristianos ya huyeron desde el norte al sur. El problema es que ahora Boko Haram está empujando en esta zona central, donde hay un número significante de cristianos. En esos estados se vive como una guerra. La diferencia es que los musulmanes reciben armas y recursos del extranjero», explica a LA RAZÓN Jonathan Racho, director para África de International Christian Concern. Racho viajó a dicha zona en mayo y quedó horrorizado de la volatilidad que se respira y de los testimonios. Como el de la mujer que le contó que había perdido a once seres queridos. «Es desgarrador la cantidad de viudas y huérfanos que hay en algunas zonas y que no se les esté protegiendo», manifiesta Racho. En el caso de esta nigeriana, ha decidido perdonarlos, pero, como él apunta, «algunos cristianos, sobre todo los jóvenes y los desempleados, se están empezando a impacientar».
Christian Ebisike, obispo de Ngbo, en Níger, les dice a sus feligreses que la suya no es una religión militante, que luchar o matar va en contra de su religión. «Por supuesto que estamos asustados, pero nuestra naturaleza no es vengativa. Yo rezo por Nigeria, rezo por la paz», reconoce a este periódico. Ebisike asegura que el presidente, Goodluck Jonathan, está confundido con la situación, al ser un cristiano del sur no quiere mostrarse demasiado a favor de los no musulmanes. «Sin embargo, en su propio Gobierno se encuentran ‘amigos' de Boko Haram. Hay miembros en la Policía, en los ministerios y hasta en su propio Gabinete», alerta el obispo.
Cuando se ha perdido a un ser querido no es fácil hablar sobre ello. Cada vez que Angela Chika. natural de Anambra, escucha Boko Haram se estremece. Chika perdió en abril a un hermano, a cuatro tíos y a tres amigos. Según cuenta a LA RAZÓN, ella se siente, por ser igbo, una ciudadana de segunda en su propio país. «La violencia contra los igbos ha sido una práctica común en el norte de Nigeria. Duele más cuando el mundo se refiere a ello como un conflicto religioso. ¿Acaso la religión es sangrienta?». De hecho, Chika se pregunta «¿qué sangre es la que se está vertiendo cada día?». Para ella, la clave reside en que los derechos a la vida y a la propiedad se los han llevado «los agentes de la islamización en Nigeria».


Un problema de racismo
En Nigeria se da un caldo de cultivo perfecto para que la situación empeore. Los conflictos por las etnias, la religión, pero sobre todo la lucha por el poder van a hacer que se exacerbe más. Para Onyema Uche, director en EE UU de los asuntos que conciernen a los igbos, la causa está en el racismo. «La intolerancia y el odio hacia la prosperidad de los igbos. Se trata de una limpieza étnica, es sobre tener el poder de la dominancia económica también». En el norte, los igbos son los dueños de los centros comerciales, las tiendas electrónicas y los hoteles. Según los datos de Uche, los igbos invierten 50 millones de dólares al día. Incluso en algunos estados se les prohíbe directamente abrir negocios.