Literatura

Javier Moro: «La novela se acerca más a la verdad»

El escritor madrileño obtuvo la 60 edición del Premio Planeta con «El imperio eres tú», sobre el emperador Pedro I de Brasil

Moro: Quería entrar en la psique de un hombre mitad don Juan mitad Quijote
Moro: Quería entrar en la psique de un hombre mitad don Juan mitad Quijote

Una de las leyes no escritas de la ficción es que un buen personaje siempre da una buena novela. En realidad, no se necesita más. El escritor Javier Moro ha encontrado en el rey Pedro I de Brasil al mejor personaje posible. Pendenciero, donjuán, vividor, inculto, pero un héroe que liberó a un país, independizándolo de Portugal, y que marcó la historia de dos continentes. Ha reunido sus escasos 36 años de vida en «El imperio eres tú», que el pasado sábado se alzó con la 60 edición del Premio Planeta. Épica romántica, relato de aventuras, una gran historia a medio camino de William Shakespeare y Walter Scott.

–¿Cuándo descubre la existencia de Pedro I y cuándo decide que merece un libro?
–Al menos hace 20 años, cuando empecé mi primera novela. Viví dos años en Brasil y allí te enteras de sus leyendas, de sus mitos fundacionales. El personaje se me quedó grabado y fue un amigo, el guionista Ramón Menéndez, quien me animó a retomar esa vieja idea. Entonces me metí de lleno en la historia, leí todo lo escrito sobre él y vi que no era suficiente.

–¿No le da miedo meterse en la piel del mito fundacional de un país ajeno?
–El tema invitaba a cierta reticencia. No me extrañaría que levantase polémica en Brasil, pero quería darle carne y hueso a un personaje de piedra. Busqué sumergirme en todas sus contra-dicciones y reconstruir su psique, mitad Quijote, mitad don Juan. A veces te acercas más a la verdad con una novela que con un ensayo histórico.

–¿Ha logrado descifrar el misterio, quién era realmente Pedro I?
– Claro, creo que sí. Al final lo vives y sientes y acabas por entender sus claves psicológicas. Es un tipo con dos caras, un Jekyll y un Hyde, un vividor que al final de su vida se redime y se convierte en un héroe. Eso es lo que le hace interesante. Por todo lo estrafalario y excéntrico que fue, acabó por marcar con sus actos la historia de dos continentes.

–¿Qué es lo que le redimió?
–La traición de su hermano. Venía de lo que llamaríamos una familia desestructurada. Su madre intentó envenenar a su padre, siempre en medio de algún complot para acabar con su vida. Él aprendió antes a herrar un caballo que a leer y escribir. Su hermano mayor murió y él heredó la corona. Sufrió muchas traiciones, pero con la última, la de su hermano pequeño, no pudo. Siempre fue un liberal entre absolutistas, aunque a partir de aquí se embarcó en una aventura con pocas probabilidades de éxito. Se inició una guerra civil en Portugal, cien años antes que la nuestra. Consiguió reunir un ejército de 7.000 hombres, cuando su hermano tenía 80.000, y a pesar de ello consiguió vencer, lo que dice mucho de su valentía y carisma.

–La novela parece muy shakespeariana.
–Sí, por supuesto, es muy shakesperiana. Habla de los grandes temas, del poder, la traición, la venganza, el amor, la guerra. Hay mucha carnaza. Es una historia que te la inventas y nadie se la cree. Sólo vivió 36 años y le dio tiempo para tener 120 hijos ilegítimos, según las habladurías. En 520 páginas hay de todo.

–Fue un gran mujeriego.
–Es un personaje que no se puede entender sin su pasión por las mujeres. Su esposa, Leopoldina de Austria, fue la cabeza que ideó la independencia de Brasil de Portugal. Venía del reino más elegante de Europa y se encontró en medio del trópico. Fue un shock, pero su papel es indispensable. Y luego están sus amantes. En la Biblioteca Nacional de Rio de Janeiro se conserva una carta que él envió a una de sus mujeres con su vello púbico dentro.

–Es una historia digna de Hollywood.
–Es demasiado compleja y amplia para una película, pero sí que daría para una gran serie de televisión. El problema es que al ser histórica, el presupuesto se dispararía. Reconstruir una época como la de los principios del XIX siempre es caro.

–¿Qué ha ocurrido con la versión cinematográfica de su novela «La pasión india»?
–La crisis ha parado el proyecto. En estos momentos es imposible obtener financiación para una película como ésa.

-Pero esta novela podremos leerla en su versión digital.
-Sí. Soy un defensor del libro electrónico, sobre todo, por su comodidad.

– ¿Qué queda de aquel Brasil fundacional con respecto al de hoy día?
–Mucho. Él, y después su hijo, Pedro II, consiguieron mantener el país unido y homogéneo. Decidieron, con acierto, que era más útil apostar por la monarquía para mantener unido al país y lo consiguieron. Caben 98 Portugales en Brasil y aun así tuvieron la destreza de mantener un territorio homogéneo.

–Y ahora son una de las economías emergentes, con 192 millones de personas.
–Es un país totalmente diferente al que yo conocí hace 20 años... Pensé en llamar la novela «El emperador del fin del mundo», pero ellos no se consideran el fin del mundo, más bien ahora se adapta mejor a nosotros. El gobierno de Lula consiguió reducir la pobreza y aumentar y consolidar una clase media potente y ahora son una economía emergente.

-¿No ha echado de menos la India, que tanto ha tratado en sus novelas hasta ahora?
–No quería que se me conociese como un escritor de India, hay muchos territorios que me interesan, y mi primera novela ya era en Brasil.

–¿Por qué le atraen tanto las novelas basadas en personajes reales?
–Siempre he encontrado inspiración en los personajes reales, me han despertado las ganas de narrar, aunque aquí he cambiado de registro, en lugar de novelar a personas que todavía viven, como Sonia Gandhi o Anita Delgado, he buscado a uno que hiciese mucho tiempo que estuviese muerto y, sobre todo, que sus abogados hiciese tiempo que estuviesen muertos.

– ¿No ha tenido buenas experiencias con los vivos?
– El problema de novelar a personajes vivos es que resulta muy difícil describirlos como ellos se ven a sí mismos y dejarlos contentos. En «El sari rojo», Sonia Gandhi me amenazó con querellarse y me tiró encima a sus abogados, uno de ellos, el presidente del Parlamento indio, porque no les gustó que dijese que la persona más importante de India era una mujer italiana. Al final no prosperó ninguna demanda, pero me lo hicieron pasar muy mal.


Entre Quijote y don Juan
Pedro I de Brasil y IV de Portugal nació en 1798 y a los 23 años ya era rey del país luso. Tras la traición de su hermano, se inició una Guerra Civil que daría con la independencia de Brasil de Portugal, siendo Pedro su primer emperador. Sus hazañas le convirtieron en una leyenda popular. Se dice que tuvo 120 hijos, 12 reconocidos, y que no podía resistirse a las mujeres, los caballos y las peleas. Se casó con Leopoldina de Austria y juntos lideraron la guerra por la independencia. Liberal entre absolutistas, siempre defendió sus ideas, y a pesar de ser pendenciero y vividor, acabó su vida como un héroe, 4 meses después de la independencia.