Marisol y Joselito no existen para la Academia de Cine por Jesús MARIÑAS

¿Fueron estrellas reales o los han eliminado porque representan los vestigios del cine franquista? Otro divorcio, y ya son incontables, entre los que presuntamente dirigen nuestro cine y la calle.

El pasado lunes se destaparon las 25 estrellas en Madrid
El pasado lunes se destaparon las 25 estrellas en Madrid

Como si no resultara bastante la creciente desbandada ante nuestras producciones –con excepción de la tronchante «Torrente 4» de Santiago Segura, imbatible en taquilla–, levantan ahora sarpullidos con la arbitraria lista de 25 nombres inscritos en la madrileña calle Martín de los Heros. Aunque la relación no admite peros, porque homenajea a artistas irrepetibles como Amparo Rivelles, protagonista absoluta de la alta comedia de los años 40 del pasado siglo, sí se encuentran ausencias ilógicas que se justifican con la cantinela de que «cada año incorporaremos dos nombres nuevos».
Todo parece producto de una alcaldada para dar honores al grupo de «los de la ceja», que siempre encabeza una Concha Velasco facialmentre. ¿Marisol y Joselito, máximas figuras taquilleras de un cine como el de Martínez Soria o Manolo Escobar, no responden al patrón de calidad? ¿Sus trabajos no les han asegurado un sitio perpetuo en este paseo que no es más que una caricatura del de Hollywood? Igual que ocurre con nuestras películas, no estamos a la altura. Y aunque la pareja de niños prodigio tampoco hubiera logrado el Goya –ante las nuevas normas que prohíben premiar a menores– su ausencia resulta un agravio para el enfervorizado público que los adoraba y para quienes llenaron las pantallas de medio mundo sólo por verlos actuar.
Y si produce sonrojo tal olvido, imagino que nada casual es otro descuido incomprensible. El de Aurora Bautista, mito indiscutible de un cine histórico dirigido por Juan de Orduña con títulos imperecederos, hitos de nuestra cinematografía como «Locura de amor», «Pequeñeces», «Agustina de Aragón» o la más intimista «Tía Tula». En su época representó al máximo la enfatización, el dramatismo y el desmelene llegando a popularizarse su desvarío con aquella frase: «¡Silencio, el Rey está dormido, no lo despertéis!», con la que remata el trastorno de la Reina Juana por Felipe el Hermoso. Insuperable, lo mismo recreando personalidades épicas que haciendo un teatro avanzado en su tiempo como «Réquiem para una mujer» de Faulkner o «La gata sobre el tejado de zinc caliente». La Bautista marcó época y abarrotaba allí donde iba. ¿Y cómo no incluir a Jorge Mistral, antecedente de galanes como Banderas o Bardem, compañero de grandes como Sofía Loren y auténtico ídolo hispanoamericano? Son demasiadas ausencias como para no malpensar.