Un guiño por el acercamiento de presos

Los reclusos de ETA dan un paso al frente después de un año de permisos, beneficios y gestos del Gobierno en política penitenciaria 

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MADRID- Los presos de la banda terrorista ETA salieron ayer a la palestra para dar un paso más y sumarse al «Acuerdo de Guernica». Una nueva estrategia de este colectivo –que en la actualidad cuenta con un total de 544 repartidos por las cárceles del territorio nacional– que ha contado en los últimos tiempos con una mejoría sustancial en las condiciones de muchos de sus presos. A los etarras que directamente cumplieron su condena y quedaron libres, hay que sumar la concesión del tercer grado a otros tantos.

Eso sin contar con el acercamiento de aquellos presos que comienzan a dar síntomas de rechazo a la violencia y que Interior está agrupando en cárceles específicas. Es el caso de la cárcel zaragozana de Zuera, donde este verano ha sido trasladado el etarra Jesús María Mendinueta Flores desde la cárcel de Albocasser (Castellón). ¿El motivo? Dar un paso más y oponerse a la violencia, ya sea porque han renunciado expresamente a ETA o porque admiten el daño causado y se han comprometido con su reparación.

En este sentido, la prisión alavesa de Nanclares de Oca es la utilizada por el Ministerio del Interior para este tipo de presos. Allí ha ido a parar este verano Asier Carrera Arenzana, el asesino del dirigente socialista Fernando Buesa. Anteriormente, ya fueron acercados otros cinco presos de la banda por los mismos motivos. Y los últimos rumores apuntan a que el Gobierno estaría preparando la llegada de una importante cifra de funcionarios para hacer frente a una nueva oleada de presos disidentes con la banda.

No obstante, la política de beneficios penitenciarios a presos de ETA es una constante en los últimos doce meses. En junio, cinco «pianistas» de ETA, es decir, quienes se dedican a captar a miembros de la banda, cuatro integrantes de SEGI y otros tres colaboradores de la banda terrorista condenados por ayudar a huir a dos etarras en 2008 se han visto beneficiados por unos motivos u otros en la rebaja de las penas impuestas inicialmente por la Audiencia Nacional.

En el caso de los cinco «pianistas», el Supremo rebajó sensiblemente las penas: las de siete años quedaron en tres y las de seis años, en dos años y seis meses, excepto para Mikel Garaindondo. Por ayudar a huir a dos etarras en 2008, el Supremo anuló las condenas iniciales por «irregularidades» en los interrogatorios. Y en cuanto a los cuatro miembros de SEGI, la ilegalizada organización juvenil de ETA, el Alto Tribunal dejó en agua de borrajas el incendio de una sucursal bancaria en Baracaldo, esgrimiendo que no existió «riesgo para la vida».

Los nuevos «presos VIP»
Otegi y Usabiaga fueron condenados el pasado 16 de septiembre por la Audiencia Nacional a 10 años de cárcel por considerarles dirigentes de ETA. Otegi ya se encontraba en prisión cuando conoció el resultado de la sentencia pero Usabiaga vuelve a unas dependencias penitenciarias pocos meses después de que el juez Baltasar Garzón le impusiera una fianza de 300.000 euros para poder salir de la cárcel y pudiera hacerse cargo de su madre, que supuestamente era dependiente, algo que no se ha demostrado aún. El ex portavoz de Batasuna ya fue acercado a Logroño para «disfrutar» de una celda de nueva metros cuadrados, con dos literas, televisión y, como hemos comprobado recientemente en su cuenta de Twitter, hasta acceso a Internet. ¿Tendrá los mismos privilegios Usabiaga?