Camboya

Las tortugas cantor en manos de monjes budistas

Un grupo de monjes budistas lucha en Camboya por evitar la desaparición de una rara tortuga gigante de caparazón blando que habita en el río Mekong y se encuentra amenazada por la caza incontrolada para el consumo local y la exportación.

Con casi 500 años de historia, la pagoda de los Cien Pilares, situada en la localidad de Sambor, en la provincia oriental de Kratie, se ha convertido en el refugio de más de un centenar de tortugas cantor que descansan en el centro de preservación creado por el grupo ecologista Conservación Internacional. "Aquí crecen durante todo un año antes de soltarlas al río para que vivan en libertad", asegura Chan Tha, uno de los monjes que se ocupa de las tortugas, mientras sostiene una cría de apenas 40 milímetros, que multiplicará su tamaño por 30 a lo largo de su vida.


Con el cuerpo chato y un caparazón suave y gelatinoso, la cantor es una de las raras especies de agua dulce y una de las más grandes ya que puede alcanzar hasta los dos metros de longitud y un peso medio en edad adulta de 50 kilos. Su cabeza, que sobresale de entre los gruesos pliegues de su cuello, esconde una poderosa mandíbula que con un rápido movimiento es capaz de atrapar de forma eficaz peces y cangrejos, su principal alimento.
"Una vez que muerde ya no suelta, así que hay que tener cuidado con ella porque es difícil predecir cuándo va a atacar, y es muy veloz", advierte Bran Sinal, otro de los cuidadores de los pequeños reptiles.


Las patas planas y de forma afilada les sirven para escarbar un refugio debajo del fango, donde pasan el 95 por ciento de su tiempo para burlar a los depredadores, incluidos los habitantes de Sambor, que estuvieron a punto de exterminarla en 2003, cuando desaparecieron de la zona.


En 2007, se descubrió una hembra adulta en los alrededores del pueblo y se comenzó el programa que hasta el momento ha permitido el nacimiento de casi 1.200 ejemplares.
"Todavía están en peligro de extinción porque hay una fuerte demanda internacional de esta especie, para usarla en la medicina tradicional, pero también por su refinado sabor o simplemente por la falta de alimento de los habitantes de la zona", asegura Yoeung Sun, responsable del equipo que encontró a las tortugas.


Para evitar que el ser humano siga siendo su mayor depredador, Conservación Internacional se unió con los monjes para que acogieran a los reptiles y enseñaran a los vecinos a ocuparse de ellos. "La gente en Camboya tiene un gran respeto hacia los monjes así que es un método efectivo para explicar cómo proteger a las tortugas", afirma el ecologista. "Antes los vecinos las cazaban más. Ahora muchos nos las traen para que nos ocupemos de ellas si las encuentran", asegura el monje Chan Tha, quien se ocupa además de enseñar las instalaciones a los turistas y camboyanos que se acercan hasta allí.


El refugio principal de estas tortugas es la pequeña franja de unos150 kilómetros que va desde Sambor a la frontera con Laos, donde comparte hábitat con otra especie amenazada y característica de la región, el delfín Irrawaddy.


La tortuga cantor, de la que se cree que todavía quedan algunos ejemplares en países como Filipinas, Tailandia, Birmania (Myanmar) o India, se encuentra dentro de las especies protegidas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro (CITES, en sus siglas en inglés), junto a otros animales como los tigres o los pandas.