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Dignifica el trabajo

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Me quedo con esta definición de «trabajo» del diccionario de la RAE: «Ocupación retribuida». Porque en esta sociedad del «tanto tienes tanto vales», las ocupaciones sin sueldo, por laboriosas que sean, como la de ama de casa, no se consideran socialmente trabajos. La contradicción en estos países del progreso ciego es que, hoy como ayer, unos tienen remuneración para consumir de forma infinita, mientras a otros no les llega ni para pagarse una habitación. No se ha llegado a la dignidad para todos. El trabajo, como la riqueza, está mal distribuido. Si hubiese un control sobre los adictos al trabajo, enfermos bastantes de ellos, los parados podrían encontrar su espacio en el mundo laboral. Pero el fallo esencial es el de un sistema que busca por encima de la riqueza espiritual el consumo compulsivo. Más del ochenta por ciento de la gente corriente confiesa no gustarle su trabajo. Nos han sometido a la idea de que hay que sufrir para ganarse el pan. La mayoría no tiene la posibilidad de conocer cuál es su mayor destreza. Los ricos condicionados por mantener el estatus, los pobres por su falta de recursos, casi nadie logra encontrar ese lugar en el que poder realizar y dar a los otros su mejor quehacer. El trabajo, si no se disfruta de algún modo, no dignifica.
Toda labor, hasta la más vocacional, requiere un gran esfuerzo, pero también una gratificación moral, un sentido. Es ese sentido lo que deberíamos encontrar para conseguir una sociedad humanamente avanzada, y no el dinero. La excelencia en la ocupación de cada uno tendría su recompensa extra. Podría ser tiempo, tiempo para disfrutar de esta hermosa vida breve.