Estados Unidos

Mal augurio para el futuro iraquí

Los norteamericanos ceden el mando militar a las Fuerzas de Seguridad de Irak en medio de una ola de atentados y de una incertidumbre política

El ataque se produjo cerca de la zona española en Afganistán
El ataque se produjo cerca de la zona española en Afganistánlarazon

MADRID- La intensidad de los atentados registrados en Irak este fin de semana coincidiendo con el repliegue norteamericano y el traspaso del mando militar a los iraquíes no contribuye a la esperanza. Entre el sábado y el domingo se contabilizaron doce ataques terroristas con bomba y dos con arma de fuego en media docena de ciudades, dejando un balance de 56 personas muertas y 289 heridas de distinta gravedad.

El peor atentado tuvo lugar en el bullicioso mercado de Basora. Primero se dijo que se trataba de una explosión accidental del generador de electricidad pero después se confirmó una triple explosión intencionada. El resultado: 43 fallecidos y 185 heridos.

El pasado 2 de agosto, el presidente norteamericano, Barack Obama, bendijo la transformación de la misión norteamericana en Irak que, según sus palabras, pasaba de «un esfuerzo militar liderado por nuestros soldados a un esfuerzo civil liderado por el cuerpo diplomático». De los 150.000 soldados estadounidenses desplegados a lo largo de estos siete años de campaña se quedarán a partir del próximo 31 de agosto 50.000. Ayer, el comandante de las tropas americanas en el país árabe, el general Raymond Odierno, insistió en que el Ejército de Irak está «preparado» para asumir el control del país y garantizar su seguridad. En estos años, Estados Unidos ha entrenado a unas Fuerzas de Seguridad que cuenta con 650.000 hombres. Una cifra a priori suficiente para cumplir su cometido –sobre todo si se compara con las anoréxicas fuerzas afganas que rondan los 170.000 efectivos– pero que todavía no transmiten una confianza absoluta. Es cierto que la violencia en Irak se mantiene a unos niveles más bajos que hace tres años, y eso se debe en su mayor parte a la estrategia diseñada por el general David Petraeus ahora en Afganistán, pero es pronto para hablar de normalidad. La puesta en escena iraquí se ennegrece todavía más si se pone en relación con la parálisis política derivada de las elecciones legislativas del pasado 7 de marzo. En cinco meses, ni Iraqiya de Iyad Allawi, que ganó con 91 escaños, ni el Estado de Derecho del primer ministro en funciones, Nuri Al Maliki, que se quedó detrás pisando los talones con 89, han conseguido más apoyos para cerrar para un gobierno de coalición.

En este tiempo no se ha aprobado ningún proyecto legislativo ni ningún plan nacional. El 12 de junio, los dos rivales Allawi y Maliki, se reunieron por primera vez desde las elecciones. No hubo avances. La pugna entre la mayoría chií y la minoría suní está en el fondo del desencuentro y amenaza con desencadenar una mayor escalada de violencia.

Cuatro de los atentados de este fin de semana se produjeron en Mosul, capital de la región suní de Nínive, y uno de ellos estaba dirigido contra el gobernador. Con la intención de acabar con el «impasse» político, Barack Obama habría pedido a través de una misteriosa carta la intervención del respetado clérigo iraquí chií Ali al Sistani, pero en el caso de que accediera parece difícil que integrase a Iraqiya en la coalición de gobierno pues, pese a ser chiíes seculares, están respaldados por los suníes. Y eso despierta recelos entre los primeros. En esta tesitura, muchos se preguntan si las tropas americanas se marchan con los deberes hechos.


Atentado contra la Policía en Herat
Un civil murió ayer a consecuencia de un atentado contra un convoy de las fuerzas afganas de Herat que, según las fuentes locales, tenía por objetivo matar a un mando policial. Herat es una de las zonas en las que están desplegadas las tropas españolas en Afganistán. Ayer el político afgano Abdulá Abdulá rindió tributo a los diez médicos (ocho de ellos extranjeros) que trabajaban para una ONG cristiana y que fueron asesinados por los talibán.