Agüero y Simão sentencian

Agüero y Simão sentencian
Agüero y Simão sentencian

Hasta el minuto ochenta el Deportivo no había hecho nada por ganar, había sido inferior al Atlético y Leo Franco era espectador de primera línea de la impotencia deportivista. Y en diez minutos, en el arreón final de los gallegos, propiciado por la entrada de Pablo Álvarez y el propio conformismo rojiblanco, que pensó que ya había hecho los deberes con los goles de Agüero y Simão, el partido cobró la intensidad y la emoción que no había tenido antes. El tanto de Bodipo, las subidas de Aranzubia, los despistes de Pernía y ese halo negativo que envuelve al Atlético hicieron que en Riazor se pensase en el empate.No dio tiempo. El pitido final deja a los rojiblancos con sus aspiraciones intactas de pelear por la «Champions», al Deportivo más lejos de la UEFA y a Agüero y Simão, autor del gol 4.000 de los madrileños, como matadores de un encuentro equilibrado en que se mostraron las carencias de unos y las virtudes de otros. Las del Atlético son conocidas. Le llega un balón al «Kun» y se inventa un gol en colaboración con Forlán, en momento crucial cuando la balanza estaba equilibrada y el centro del campo había sido campo de batalla más que las áreas. Si Agüero es gol, Lassad es trabajo, esfuerzo, pero sin remate. Y ahí estuvo la diferencia. El Deportivo no tiene un matador y enfrente tuvo anoche a una delantera letal. Por ahí se decantó el partido porque la guerra del centro del campo fue incruenta y sólo cuando Valerón o Guardado entraron en contacto con el balón se esperó algo más que un pase mal dado o un patadón sin sentido. Ayer, Assunçao y Raúl García trabajaron bien, contaron con la ayuda de Maxi y una defensa que no dio esa sensación de inmadurez de otras ocasiones.Sólo en el desbarajuste final, cuando Pablo Álvarez era un cuchillo en la banda derecha, el equipo de Abel se resquebrajó y dio muestras de endeblez. En la batalla final ya no estaba Agüero, que se retiró agotado después de pelearse con Lopo y Pablo Amo, dos defensas con experiencia que fallaron en la jugada del gol del «Kun». El madrileño no midió bien, trató de frenar a Forlán y al uruguayo le dio tiempo de hacer la pared con Agüero, al que Lopo, lento de reflejos, no fue capaz de parar.Se fue al descanso el Atlético convecido de que todo iba bien. No sufría en defensa, controlaba en el centro del campo y aguardaba otra oportunidad para cazar a Aranzubia. Y llegó pronto. A los cinco minutos de la reanudación una espectacular jugada en la que intervinieron los buenos –Simão, Agüero y Forlán– acabó con un tirazo al larguero de Maxi. Reaccionó tímidamente el Deportivo con la buena voluntad de Guardado y Juan Rodríguez, a los que acompañaba Valerón, pero era el Atlético el que manejaba el partido. Y en un pase en profundidad de Raúl García fue Simão el que marcó un gol para la historia. El partido lo tenía Abel de cara y la cruz era para Lotina, que probó con Bodipo por el desdibujado Lafita.Tampoco esa inyección reactivó a los gallegos.Fue la entrada de Pablo Álvarez la que revolucionó el partido. Se lesionó Antonio López para que la presencia de Pernía contribuyera al caos rojiblanco. El inédito Leo Franco apareció, Juan Rodríguez remató al palo, el Dépor no se rendía y el trabajo del Atlético estuvo a punto de estropearse.