Ángela Becerra gana el Planeta-Casa de América

El premio iberoamericano recayó en su tercera edición en la autora colombiana gracias a «Ella, que todo lo tuvo», una historia de soledad entre libros antiguos que transcurre en Florencia

Ángela Becerra, junto al finalista, Pedro Ángel Palou, se encerró en un hotel de Florencia para escribir «Ella, que todo lo tuvo»
Ángela Becerra, junto al finalista, Pedro Ángel Palou, se encerró en un hotel de Florencia para escribir «Ella, que todo lo tuvo»

La escritora colombiana Ángela Becerra (Cali, 1957) ganó ayer el III Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América con la novela «Ella, que todo lo tuvo», una historia de sentimientos y «soledades compartidas» que transcurre en la Italia de los años sesenta, cuando una escritora viaja a Florencia para descubrir el misterio de una mujer dedicada a la restauración de libros antiguos. La obra finalista ha sido «El dinero del diablo», del autor mexicano Pedro Ángel Polou, una novela que definió como un «thriller político religioso» centrada en la figua del papa Eugenio Pacelli y sus vinculaciones con Hitler y Mussolini. El premio está dotado con 200.000 dólares y 50.000 para el finalista. El jurado estaba compuesto por Federico Andahazi, Juan Eslava Galán, Paco Ignacio Taibo II, Imma Turbau, Gabriel Sandoval y Ricardo Sabanes.El mismo «dry martini»El «tuétano» de «Ella, que lo tuvo todo», exlicó Ángela Becerra, son las «soledades acompañadas que vive cada día el ser humano, que se alejan y se acercan como una danza, donde aparece la comprensión y la compasión para encontrar al otro. Es una novela de entraña». La novela se fraguó en 2004 y partió de un «gesto». Becerra se encontraba en el Harry's Bar de Florencia cuando vio entrar a un mujer vestida de una manera muy especial, tocada con sombrero, que se sienta y sin pedir nada al camarero le sirve un «dry martini». Becerra observó durante cinco días seguidos cómo llegaba y tomaba el mismo cóctel. «Vi que ahí había una novela», confiesa, aunque esperó para escribirla. «Llega un momento –añade– en que las novelas te buscan. Ella me poseyó: durante dos meses estuve encerrada en un hotel del Florencia, fue como un parto». De nuevo, esta novela de Becerra tiene a una ciudad como centro; la anterior, «Los amores negados» transcurre en París. «Poder empaparte del escenario me permite escapar de los tópicos», afirma. Ángela Becerra sigue la historia de una mujer, una escritora que, tras sufrir un accidente, deja de escribir y encuentra su salvación en una carta de su madre en la que le habla de una misteriosa señora, de nombre Ella, dedicada a la restauración de libros antiguos y que tiene un «alter ego», la Dona di Lagrima, que, a cambio de mostrar su cuerpo a los hombres, ellos le cuentan sus secretos. «A través de los libros antiguos, la protagonista trata de restaurarse», dice. Junto a ella aparece un librero, en el que se refugia, un hombre que sufre una frustración amorosa y sólo lee los periódicos cuando, pasado el tiempo, las noticias han desaparecido». La propia Becerra realizó un curso de restauración de libros antiguos, donde estableció una complicidad con el restaurador: «Él me enseñaba cómo reconstruir palabras perdidas, libros sin final, hojas arrancadas y yo, a cambio, debía contarle cómo iba mi novela». «Ella, que todo lo tuvo» se desarrolla en unos días de lluvia perenne y con un río, el Arno, caudaloso y cuyo desbordamiento se llevó miles de obras de arte. ¿Novela romántica? Becerra cree que «a estas alturas, hablar de literatura masculina o femenina está "demodé", porque ambos estamos hechos de la pasta de las emociones, que es lo que importa». Además, llamó la atención sobre una paradoja, y es que «cuando los hombres escriben novela romántica se le llama novela psicológica; cuando lo hacen las mujeres es novela sentimental». Sin embargo, cree que ahora, después de que la novela romántica ha sido «vilipendiada», precisamente se ha vuelto a escribir de sentimientos». Ángela Becerra fue vicepresidenta creativa de una agencia de publicidad en Barcelona, donde vivía desde 1988, y en 2000 decidió dejarlo todo para dedicarse a la literatura. En 2005 ganó el Premio Azorín con «El penúltimo sueño».El dinero de los nazisLa obra finalista, «El dinero del diablo», de Pedro Ángel Palou, es una novela de espionaje, en la que un jesuita –que fue secretario del padre Arrupe– investiga las implicaciones de Eugenio Paceli con el nazismo. «Paceli no sólo guardó silencio, sino que fue clave para Hitler», explicó. La novela arranca en un momento en el que el Vaticano estaba empobrecido y decidió establecer acuerdos con Mussolini. En «El dinero del diablo» también se inisúa que Pío XI pudo ser asesinado «porque preparaba una encíclica en la que defendía a los judíos». En la edición de 2008, la novela finalista, «Justos por pecadores», del colombiano Fernando Quiroz también contaba en su argumento un asunto político religioso.

Una nación culturalEl vicepresidente del Grupo Planeta, José Creuheras, anunció que se ha firmado por tres años más el acuerdo de colaboración con la Casa de América, que dirige Imma Turbau, promotores ambos del premio. En esta edición se han recibido 493 obras de 22 países, todos de habla española, además de Estados Unidos. Creuheras dijo que este galardón permite que las obras ganadoras se puedan publicar a la vez en todos estos países. Por su parte, Imma Turbau insistió también en este hecho, que convierte al galardón en el más importante de Iberoamérica. «Esto da sentido a esta gran nación cultural», señaló.