Bendito patrón

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Celebramos el patrón con un engaño de mil. Nos vendieron hace años que para festejarlo nos honrarían con una combinación de figuras y, que el máximo respeto vaya por delante, San Isidro quedó en un cartel ramplón repleto de ilusiones, pero nada más. A Antonio Ferrera se lo llevó al hule el primero. El derrote fue seco, frío y certero. Le caló la carne y aunque aguantó, ya casi como hábito en los de luces, hubo de meterse a la enfermería una vez hundida la espada. La tarde de las espadas bajas. Casi una maldición. Ni una cayó en el sitio debido. Embistieron toros, el que abrió plaza sin ir más lejos. En general, les faltó boyantía pero tuvieron fondo en las arrancadas. Hubo más melodía que entonar, pero hay que tener moral y voluntad para ponerlo todo en juego, y no siempre ocurrió. El sobrero de Fernando Peña le puso a Tejela el triunfo en bandeja de oro y el madrileño cuajó pases muy intensos, por el temple y la suma despaciosidad con la que toreó. Al natural hubo pasajes de toreo hondo, muy al estilo Tejela. Quizá con menos arrebato que años ha. Tenía la puerta a medio abrir. Dos días consecutivos, ¿se imaginan? Demasiado. Se cayó el toro, alguna vez acaso, no más, se desdibujó el torero. Vino el esfuerzo después, pero... Se quedó la puerta a medias, y el torero, y el patrón. ¡Bendito San Isidro!