«Cyberpunk» puro y duro

Director: McG. Intérpretes: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin y Bryce Dallas Howard. Guión: John Brancato y Michael Ferris. Duración: 115 minutos. EE UU, 09. Acción.

El falso cameo de Schwarzenegger, digital y de cuerpo prestado, lo dice todo sobre este «Terminator Salvation». Un «siesnoes» que aparece como una prótesis mal colocada en una película que, por primera vez en la historia de la saga, prescinde del sentido del humor para resucitar a John Connor como Mesías de la Humanidad contra la rebelión de las máquinas. Quizá influida por la circunspección un tanto ridícula que Bale imprime a todas sus interpretaciones, quizá demasiado orientada hacia el «cyberpunk» de línea dura que James Cameron y Jonathan Mostow derivaron hacia la serie B, «Terminator Salvation» nunca supera la pobre fórmula establecida por los videojuegos bélicos, empapándose de una estética apocalíptica a medio camino entre «Mad Max 2: el guerrero de la carretera» y el cómic «Metal Hurlant».
Si la segunda y tercera parte habían sabido incorporar nuevos alicientes digitales (el T-1000 de metal líquido interpretado por Robert Patrick sigue siendo el gran logro de la serie) además de trabajar estimulantes giros narrativos por improbables que resultaran –en especial la conversión de villano a protector de Schwarzenegger–, ésta sólo aporta el protagonismo de un cyborg con alma humana del que no sabremos si es némesis o antagonista del hierático Connor hasta un clímax final que nos pilla agotados. Al barroquismo sin centro dramático del cine de acción contemporáneo se añade cierta incapacidad por parte de McG –responsable de la adaptación al cine de «Los Ángeles de Charlie» de infausto recuerdo–, para implicarnos en la relación de estos personajes, se supone que básica para que el público empatice con otra cosa que no sea un helicóptero. No deja de ser curioso que un filme tan preocupado por salvarnos de la tecnología tenga más sensibilidad para con las máquinas que para con los humanos, lo que no sería grave si no se tomara tan en serio a sí misma.