El París de 2050

Prestigiosos arquitectos del mundo han diseñado una nueva capital del Senacon el objetivo de reordenar la ciudad y convertirla en un ejemplo de sostenibilidad. ¿Le habrá contado Sarkozy el secreto a Zapatero?

El París de 2050

Esta vez, la ciudad del futuro está más cerca de nosotros que nunca. No flota, ni está aislada ni se construirá en algún país de Oriente acostumbrado a los «megaproyectos» que rozan la ciencia ficción. La urbe se llama París, sí, la ciudad del amor, que aspira ahora a convertirse en la capital «verde» por excelencia.Fue en 2007 cuando Nicolas Sarkozy anunció su intención de acometer una de las reordenaciones urbanísticas más ambiciosas para la capital francesa. En 2008, encargó a diez grupos de trabajo compuestos por los prestigiosos arquitectos y urbanistas del mundo que ideen el nuevo París bajo dos premisas: la meramente urbana, la de repensar una ciudad con mejor calidad de vida (París ocupa el puesto 32 en la lista de las ciudades ideales para vivir; España está por debajo), y la ecológica, o lo que es lo mismo, que reduzca las emisiones de CO2 marcadas por el Protocolo de Kioto.El mes pasado, las soluciones se formalizaron sobre papel y, actualmente, están expuestas en un museo a la espera de que alguna se haga realidad. ¿O ha sido sólo una operación de marketing? «Lo interesante de estas propuestas», explica el arquitecto Edgar González, al frente del estudio con su mismo nombre en Madrid, «es que en ellas han colaborado los mejores del mundo. Han sido intervenciones lideradas por arquitectos, pero con muchos otros profesionales en colaboración, aportando estrategias totalmente realistas que pueden aplicarse. No ha sido sólo una cuestión de marketing». Casi todos los que han participado han incidido en que, para atajar los problemas crónicos de este París densamente poblado (600 habitantes por hectárea en el centro urbano) y en continua extensión, es urgente mejorar las infraestructuras de comunicación y transporte y disminuir su altísima contaminación (sólo superada por Londres y Fráncfort en Europa). También consideran que debería existir un mayor equilibrio entre los paisajes naturales y el crecimiento de la ciudad, así como integrar sistemas de energía limpia en las viviendas y hasta espacios de agricultura en plena urbe. Todos los arquitectos implicados coinciden: quieren un París más compacto en el que las casas sean capaces de gestionar su basura y de ser autosuficientes energéticamente. A la vez, apuestan por una construcción vertical e intensiva que permita optimizar el transporte reduciendo consumos. Mientras que en la Unión Europea los inmuebles urbanos son los causantes de un 36 por ciento de los gases de efecto invernadero, en Francia el porcentaje se eleva a un 45 por ciento. Roland Castro propone remodelar energéticamente los edificios públicos. Aunque se calcula en 14.000 el número que deberían transformarse, el equipo del arquitecto Jean Nouvel es aún más ambicioso y propone una remodelación de 55.000 con un coste superior a los 400 millones de euros. Según el arquitecto, esta renovación evitaría la emisión de más de un millón y medio de toneladas de CO2. Pero este coste se vería compensado por la reducción del consumo energético, gracias a la instalación de paneles solares o pequeñas cogeneraciones. Además, se crearán edificios bioclimáticos, con sus propios espacios verdes en las fachadas, que actúen como aislantes del clima exterior. En esta línea de edificios bioclimáticos van también los equipos LIN y Studio 09, este último con una clara apuesta por la recuperación de la biomasa. Arriesgada es la visión de MRDV, que ha interpretado lo de «compacto» con edificios a lo alto, cúbicos, sobre grandes pivotes elevados varios metros sobre el nivel del suelo y rodeados por centenares de aerogeneradores que constituyen la principal fuente energética de la ciudad. Otra opción, cuando el viento falle, será la de aprovechar la corriente del Sena para generar electricidad.

 

Mobilidad sostenibleEl sistema de transportes del «Grand Pari», según el equipo Rogers Stirk Harbour + Partners, podría ser 100 por 100 «verde». El modelo a seguir es el de sus vecinos de los Países Bajos: ir en bici y dejar el coche en casa. Pero en poblaciones tan densas, Rogers tampoco es utópico y propone taxis ecológicos y colectivos y una mayor introducción de vehículos eléctricos. «Bajar las tasas a estos vehículos animaría a comprarse uno», asegura Rogers. Y, si no, su idea es crear un cercanías subterráneo que conectaría las poblaciones interurbanas. El Sena y los principales canales tampoco pasan desapercibidos en las propuestas del París del futuro. «Hay que potenciar las posibilidades de conexión limpia que permite el transporte fluvial, ya que el barco consume cinco veces menos energía que el transporte por carretera», aseguran los diez equipos. En concreto, Roland Castro propone la construcción de un canal que una el este y el oeste de París. Además, en su plan de transportes introduce un impactante metro elevado eléctrico que cruza la ciudad. Puede parecer ficción, pero aún queda más: Grumbach & Associés sueña con llegar al trabajo en 20 minutos si se quiere una ciudad con buena calidad de vida. Para conseguirlo, Nouvel, Jean-Marie Duthilleul y Michel Cantal-Dupart han diseñado una verdadera «malla» de conexión entre barriadas y el centro. Lo ideal, para este equipo, es reducir a tres minutos los desplazamientos habituales bajando, indirectamente, el gasto energético y las emisiones. ¿Quién no se apunta a esto?

Del papel a la realidadMuchas de las propuestas vienen de arquitectos y no de urbanistas, y esto ha generado numerosas críticas. «Todo arquitecto o urbanista trabajando en la actualidad debe tener en mente siempre los aspectos medioambientales. Ni se pregunta por ellos: hoy, se dan por hecho», explica Edgar González, que ha trabajado en el estudio de Zaha Hadid en el proyecto de un «barrio» para 150.000 personas en Singapur. «Hay que tener en cuenta al analizar estas propuestas que intervenir en territorios tan vastos arrastra consecuencias sociológicas. Por ello, el arquitecto debe pensar a gran escala. La acción y la participación global son un ejercicio de responsabilidad que los profesionales tenemos de cara a los compromisos adquiridos en los acuerdos de Kioto», puntualiza Joaquín Torres, arquitecto y director del estudio A-cero, muy conocido por algunas de sus actuaciones en Dubai. «En esa línea, el proyecto que ha propuesto el estudio Antoine Grumbach y Asociados me ha parecido muy novedoso, ya que nos descubre, con aires visionarios, el eje urbano París- Rouen-Le Havre. El compromiso entre lo urbano y lo rural es una de sus líneas argumentales, que defienden proponiendo llevar el mar hasta París. Para ello convertirán el Sena en la calle principal de esta ciudad», añade Torres.Para González, es el conjunto de pequeñas actuaciones puntuales lo que le parece brillante del Grand Pari de Richard Rogers, ya que «son cambios que inciden en el conjunto». En definitiva, como explica el arquitecto Jean Nouvel, «no son utopías, pero sí una respuesta política a un problema político». Con tanta foto centrada en Carla Bruni, no sabemos si Sarkozy le habrá prestado alguna de estas ideas al presidente Rodríguez Zapatero en la reciente cumbre hispano-francesa. A no pocas ciudades españolas seguro que les vendría bien.