Las instituciones olvidan el centenario de Manolo Caracol

Las instituciones olvidan el centenario de Manolo Caracol
Las instituciones olvidan el centenario de Manolo Caracol

Mucho jaleo, festivales flamencos y adicción al buen cante. Pero escasa, muy escasa, la conmemoración al gran Manolo Caracol. Menos mal que Sevilla ya repuso su estatua en la Alameda de Hércules, la misma ciudad en la que Pilar Bardem dispone de calle propia, algo que aún no ha logrado Carmen Sevilla. El caso es que Caracol sigue en su pedestal bético, y la ciudad ha publicado un magnífico libro con ocasión de su centenario, que se celebrará el próximo 9 de julio. Granada también le homenajea, de ahí que todos se pregunten qué pasa con Madrid. Ni el Ayuntamiento, igual de reacio que con la insuperable Celia Gámez, ni la Comunidad, donde causa baja Santiago Fisas, desplazado a Bruselas, proyectan nada. Ningún atisbo de festejo para recordar a Caracol, al que muchos sólo recuerdan como pareja de Lola Flores más allá de la escena aunque su hija, Luisa Ortega, se empeñe en mantener que «lo suyo no sobrepasaba los escenarios». No es lo que recuerdan sus contemporáneos, quienes insisten en que vivieron un romance apasionado. Los dos salían a escena «comiéndose» vivos. Lola fue «la niña de fuego» y Caracol supo jalearla además de sentar cátedra con su buen cante. En Madrid vivió los últimos treinta años de su vida, así que están a la expectativa de ver qué pasa.

 

El aniversario de Cortez

 

Por eso será que Alberto Cortez no se encomendó a nadie, tampoco es que le hiciera falta, para festejar sus 45 años de matrimonio con Renata, la rubia belga que le conquistó. De ahí que Cortez reuniese a treinta íntimos –entre ellos, la leal Paloma Gómez-Borrero– y se los llevara a Caldas, en Asturias, para disfrutar de un balneario y una cena con excelencias de la tierra. Gómez-Borrero les regaló una Bendición Papal, y luego me contó algo relacionado con el palacete de L'Aguila, herencia familiar de su marido al lado del que perteneció a Carlos V:

 

-Como tú publicaste en LA RAZÓN de qué manera le había afectado el terremoto, me llamaron de una agencia para saber más. Querían fotos y les remití a internet, donde lo incluyen como monumento histórico. Además, la foto que publicó «¡Hola!» con mi entrevista no es de nuestro palacete, sino de otro que desconocemos. Echaron mano del primero que encontraron, ¡hay que ver!

 

Y se mondaba ante la pifia.