Quien resiste gana

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Rajoy regresa hoy al ruedo de sus grandes tardes de gloria, donde cuenta con el favor de la afición, que es lo mismo que sentían Curro Romero en la Maestranza y Antoñete en Las Ventas. Valencia es para Rajoy «tierra conquistada» y en Valencia, comunidad en la que el PP renueva su hegemonía política de forma contundente cada vez que se llama a las urnas, inició hace un año un tortuoso camino político después de un cónclave cerrado con sensaciones contradictorias. De la capital del Turia salió Rajoy con cierto halo de provisionalidad y un calendario que los entonces críticos marcaron con dos fechas de caducidad: las elecciones vascas y gallegas y, definitivamente, las europeas. Pasado el rubicón electoral con sendas victorias, nada más propio que Rajoy quiera celebrarlo allí donde renovó la legitimidad de un liderazgo que entonces le cuestionaron unos pocos y ahora está fuera de dudas, por más criticas que a media luz deslicen quienes desde el anonimato de unos entrecomillados en prensa, aún le reprochen la conveniencia de la celebración en los predios políticos de Paco Camps. El líder popular está convencido de acometer hoy en Valencia la segunda etapa de una carrera que concluirá en La Moncloa tras superar con éxito las autonómicas y municipales de 2011. Hoy más que nunca Rajoy puede seguir haciendo suya la frase que esgrimió entre sus más próximos colaboradores y amigos después de que alguno le sugiriera, tras la amarga derrota de 2008, arrojar la toalla: «El que resiste gana». Y por ahora está cumpliendo las dos premisas de la sentencia.