«Suspender a un alumno es hoy un acto heroico por parte del profesor»

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

MADRID- Por desgracia para él, Rodríguez Adrados ha tenido que acostumbrarse a poner el punto sobre la i cada vez que llega a sus manos cualquier proyecto del Gobierno de turno que quiere «reformar» la enseñanza. Y es que, ha pasado mucho tiempo desde que las lenguas clásicas estuvieran de moda. Recurre a la II República, cuando estudiar latín era considerado «progre» por los socialistas de la época. Ahora, sin embargo, cada cambio de orientación en los enfoques educativos significa enterrar un poco más la esencia del castellano. Alerta del peligro de asignaturas como Ciudadanía, que están comiendo terreno incluso a la historia de nuestro país. Pero sobre todo, lo que más le preocupa es la degradación de la enseñanza, personificada en jóvenes estudiantes con ganas e interés y que se encuentran de frente con el infranqueable muro de la devaluación de nuestro nivel educativo.

–La reciente publicación del demoledor informe PISA ha dejado en muy mal lugar a la enseñanza española. ¿Está de acuerdo con las conclusiones del análisis?

–Hay un descenso del nivel cultural en toda Europa –y también en España– que responde al tipo de sociedad en la que vivimos. Ha aumentado el número de alumnos, y muchos llegan sin la formación adecuada. Además, la sociedad actual no pone énfasis en el trabajo, en la responsabilidad, en la disciplina. El alumno gasta un tiempo infinito en la televisón, en el ocio... Nuestra generación convivía con el concepto de responsabilidad en el trabajo, concepto que hoy mucha gente ha perdido, aunque no se puede generalizar. Hay excepciones dentro de nuestro sistema educativo, como la ampliación de la enseñanza elemental y ciertas especializaciones muy técnicas. Sin embargo, ha descendido el nivel de la enseñanza media, lo que en nuestro país llamamos enseñanza secundaria. Tenemos el Bachillerato más corto de Europa, y es un récord, como otro cualquiera.

–¿Cuáles son las principales carencias que usted ha detectado en nuestro sistema educativo?

–Se han suprimido muchos exámenes y suspender a un alumno hoy en día es un acto heroico por parte del profesor. Cuando eso ocurre vienen los padres, gritan... Claro, esto se arregla aprobando a todos y bajando el nivel. Todo eso influye, como la reducción de cursos, o la entrada de asignaturas como la famosa Educación para la Ciudadanía. Esto es como un vagón de Metro, si usted mete a más gente, los alumnos están más apretados. Al latín y el griego, por ejemplo, le están quitando cursos, horas, dejándolos en unos niveles en los que llegará el día en el que al final acabarán teniendo razón y no valdrán para nada, porque en esos niveles y de esa forma es muy difícil seguir adelante. El problema español es que se trata de una sociedad que no es proclive al esfuerzo, a eso se añade la legislación que viene desde el final del franquismo, desde la Ley General de Educación del año 70, y que se incrementó con la Logse del PSOE de los 90 y que prácticamente sigue existiendo. Esto fue una gran desgracia, ya que se puso énfasis en lo lúdico, en que no se apretara al alumno, en la facilidad de aprobar. El PP, cuando tuvo mayoría absoluta, pudo hacer algo más de lo que ha hecho. Sacó adelante una ley de calidad que algo arreglaba, pero que no llegaron ni a ponerla en práctica. No llegaron ni a promulgar los decretos. Los socialistas se lo cargaron tranquilamente. Ha habido una persecución de las lenguas clásicas desde el año 70. A veces se aflojaba, luego se apretaba... Ahora han salido decretos del Gobierno central que establecen unas exigencias mínimas, aunque luego las autonomías tienen la potestad de arreglarlo o estropearlo.

–El hecho de que la educación haya caído en manos de las comunidades autónomas, ¿ha beneficiado o perjudicado a la enseñanza española?

–En líneas generales ha perjudicado. Puede haber aspectos en los que se haya mejorado algo pero, por ejemplo, lo que ocurre con la Historia de España es una auténtica vergüenza. Aunque, eso sí, estropear la situación más de lo que está es muy difícil.

–El presidente Zapatero ha afirmado que parte de la culpa del fracaso de la Educación española se debe a la poca formación de los padres. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación?

–Es posible. Todas las cosas rebotan unas con otras. Si se sale del Bachillerato con flojos conocimientos se entra en la Universidad con pocos conocimientos. Es la pescadilla que se muerde la cola. No dudo que de alguna forma el presidente tenga razón. El padre lo que quiere es que aprueben al niño de la forma más fácil. Pero es sólo una parte del problema. Una sociedad blanda y el electoralismo promueven los programas políticos de rebaja, que producen a su vez personas poco competentes. Los padres no digo que no tengan parte de culpa. Hacen imposible la vida a los profesores y les insultan porque exigen al niño.

–¿Tiembla cada vez que se pone encima de la mesa un nuevo proyecto de enseñanza?

–En el Bachillerato de la II República había cinco años de latín. Los socialistas de entonces fundaban escuelas y centros para las lenguas clásicas. Para mí es muy desmoralizante que en toda esta precampaña electoral de lo único de lo que se habla es de la Religión y de la Ciudadanía. ¿Y de lo demás qué?

–La Universidad ha sido también objeto de reforma. ¿Qué opina al respecto?

–La Universidad está en el cocedero, como siempre. Hay algunas propuestas que son verdadermante terribles y que no han recibido repulsa pública. El nivel de las oposiciones a cátedras ha bajado considerablemente. Ahora no hay ejercicios prácticos. Para saber si un individuo sabe griego o química no basta con que suelte un rollito, que eso todo el mundo lo puede preparar. Hacen falta prácticas para detectar si este señor sabe traducir o si sabe manejarse en el laboratorio. El sistema de ahora es deficiente, no tiene datos objetivos para calificar a estos señores. Pero es que el plan que han anunciado, que no sabemos si sacarán adelante, prevé que las catedras se den presentando sólo papeles. En otros ámbitos, cuando ocurre algo así, se ha levantado un clamor. Se propone esto para la Universidad y todo el mundo se calla. Se dicen cosas horribles en privado, en los cafés, todos desprotican, pero en público... Es muy desmoralizante.

–¿Comparando la situación con décadas pasadas, ¿no está cada vez más devaluado el hecho de tener un título universitario?

–Ahora cuesta poco, pero en el futuro va a costar menos. Otra cosa son los másters, que es formación especializada, pero accesibles para muy poca gente. Es una moda americana. El ambiente no es bueno en la enseñanza. Según el informe PISA, el retroceso en temas generales es mayor en España. Algo se podría arreglar, no de repente, pero se podría mejorar.

–¿Percibe motivación en el aprendizaje por parte del alumnado?

–Con todas estas rebajas el buen alumno es el que sufre, es el que tiene que ponerse al nivel del malo. Y claro, se desmoraliza. Primero la obligación en la escolarización era hasta los diez años, luego hasta los 14 y luego hasta los 18. Para mí, el gran desafío era aumentar el número de alumnos, pero no rebajar los niveles. Sin embargo, ese ideal nunca se ha logrado. Cuanto más alumnos, menos nivel. En cualquier caso, la sociedad española medio ha digerido la obligatoriedad hasta los 14 años, pero muy mal hasta los 18. Hay alumnos a los que esto no les interesa, cuando hay otras opciones muy dignas en la vida. Éstos van a clase a la fuerza. El único argumento que se ha utilizado se basa en la necesidad de retirar a los chicos de la calle, que estén allí aparcados y que no molesten, que no estén en el botellón y en otras cosas. En esta situación, los profesores han tenido que rebajar el nivel para poder atender a una mayoría a la que no le interesa nada. La gente se escapa, el profesor que puede se jubila, otros son víctimas de depresiones, piden permisos para hacer supuestas investigaciones, buscan otros cargos, se hacen inspectores... Hacen lo que pueden para huir, no de la tiza sino de estar ahí cara a cara frente al alumno.

–¿Qué queda en la Educación española de las lenguas clásicas? Usted ha llegado a hablar incluso de persecución. ¿A qué se refiere con ello?

–He hablado de persecución, aunque hubo un relajamiento, sobre todo en el último periodo del PP. Pero cuando han tenido mayoría absoluta podrían haber hecho algo más. Hicieron la Ley de Calidad, un parche aceptable, pero ¿por qué lo dejaron para el último año? No sacaron ni los decretos. Fue muy fácil para los socialistas eliminar decretos que ni entraron en vigor. Hay una especie de lenta decadencia que desanima y desmotiva al profesorado y también a los alumnos. Algunos colegios hacen trampas y dicen que estas lenguas no las pide nadie, pero en realidad lo que hacen es desanimar a la gente para así ahorrarse los profesores. No es que haya desaparecido del todo, a eso todavía no se ha llegado, pero sí que ha bajado el nivel de horas, de exigencias, cada vez se imparten cosas más elementales...

–¿Considera lícito y moralmente aceptable que numerosos padres se hayan opuesto a la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía?

–En eso prefiero no entrar, pero desde luego que esa asignatura tiene el peligro de que se convierta en un sistema de indoctrinación, como se hacía en los países marxistas y hacía o intentaba hacer el régimen de Franco. Es un peligro, no digo que vaya a ser así, pero es una posibilidad. Luego hay otra cuestión, que aquellas enseñanzas que llamaban «marías» se murieron de muerte natural porque ni los alumnos ni los profesores les hacían caso. Yo no habría introducido esa asignatura, pero han puesto una más, como una de ciencia que no sé ni cómo se llama. Han metido la Sociología, la Psicología... No metan más asignaturas. También Economía, muy respetable, pero eso ha sido siempre una materia de Universidad, no de Bachillerato. Han inflado este perro por un lado y lo han desinflado por otro. La exigencia ha bajado, ha aumentado la indisciplina. Algo se podía mejorar en España, llegar a un acuerdo medio civilizado.