Clinton vuelve a escena sin margen para otro patinazo

La demócrata trata de ganar el voto de la clase trabajadora afín a Trump, el mismo día en que un sondeo da un empate entre ambos candidatos.

Hillary Clinton saluda al subir a su avión rumbo a Carolina del Norte, al retomar su campaña
Hillary Clinton saluda al subir a su avión rumbo a Carolina del Norte, al retomar su campaña

La demócrata trata de ganar el voto de la clase trabajadora afín a Trump, el mismo día en que un sondeo da un empate entre ambos candidatos.

Después de que su neumonía le hiciera rozar el desmayo durante el acto conmemorativo del 11-S y que el incidente reabriera la polémica sobre su estado de salud para asumir al presidencia, Hillary Clinton retomó ayer la campaña electoral con Donald Trump pisándole los talones en las encuestas de cara a las elecciones del 8 de noviembre. La demócrata es consciente de que a estas alturas, a menos de dos meses del cara a cara para alcanzar el Despacho Oval, ya no puede permitirse otro desliz que genere dudas sobre su persona o su perfil presidencial, por lo que ha optado por una estrategia más ambiciosa que seduzca al votante republicano.

Muestra de ello es que, tras su reciente parón de tres días por motivos de salud, eligió Carolina del Norte para ofrecer su primer discurso, un estado que tradicionalmente vota por los republicanos, en el que Barack Obama fue derrotado en 2012 y que, al igual que Ohio y Florida –donde hoy por hoy gana Trump con una diferencia de más de tres puntos– resulta fundamental para garantizar sus aspiraciones a la Casa Blanca. La audiencia que le esperaba allí se componía de trabajadores y crecientes comunidades minoritarias, un objetivo electoral clave para la demócrata. En su mensaje, trató de convencerles de que sólo ella es capaz de garantizar un país inclusivo, con justicia social y atento a las necesidades de la clase trabajadora.

Clinton reconoció ayer durante su acto en Greensboro (California del Norte) su error al tratar de seguir en campaña pese a ser diagnosticada con neumonía, pero subrayó que «a dos meses de las elecciones, el último lugar donde quería estar era en casa». «Es una maravilla estar de vuelva en campaña», confesó en su primera aparición después de tres días de baja médica y de que la opacidad sobre su salud generase una ola de críticas en el país. Juicios que no cesaron cuando su equipo difundió los resultados de un informe médico que certificaba su estado «saludable y en forma».

Clinton no desperdició la ocasión para atacar a Trump, a quien calificó de «elemento peligroso». «Lo confieso: nunca seré el showman que es mi oponente y eso está bien. Pero yo voy a cumplir para vosotros y vuestras familias», dijo Clinton en el acto y recalcó que la gente la acusa «de muchas cosas, pero nunca de abandonar».

En declaraciones a la Prensa, la candidata presidencial opinó sobre el alto el fuego acordado recientemente por su país y Rusia en Siria y advirtió de que el éxito del cese de las hostilidades y del cumplimiento total del acuerdo «depende de los rusos» y del interés particular de Moscú en seguir adelante con lo pactado. Tras el mitin en Greensboro, Clinton programó una cita con el «caucus» hispano en Washington en el mes en el que se celebra la herencia latina en Estados Unidos.

Los últimos sondeos confirman esta urgencia de la demócrata por arrebatar votos al magnate republicano, ya que, en la actualidad, ambos están casi empatados en intención de voto a nivel nacional, según una encuesta publicada ayer por «The New York Times» y «CBS News». Si a la competencia entre ambos candidatos se añade la de los principales partidos minoritarios, el Partido Libertario (Gary Johnson) y el Partido Verde (Jill Stein), Clinton y Trump obtienen sendos 42% de apoyo de eventuales votantes. Sin embargo, en el caso de que sólo se pregunte a los encuestados por Clinton y Trump, el apoyo se reparte entre el 46% para ella y el 44% para él.

A pesar de que Clinton trata ahora de resurgir como una candidata fuerte, nadie duda de que atraviesa un momento crucial en su carrera presidencial, por lo que las filas demócratas reman en bloque. En este sentido, Michelle Obama, la primera dama, participará hoy en un acto para apoyar a la demócrata.

Mientras tanto, el republicano Trump ofreció ayer nuevos detalles del plan económico que pondrá en marcha si llega a la Casa Blanca, para que Estados Unidos crezca a un 3,5% y se creen 25 millones de empleos. El plan se basa en reducir impuestos, acabar con las regulaciones «destructivas» y negociar mejores tratados comerciales para que EE UU vuelva a ser el mejor país del mundo para invertir, crear empleo y crecer. Entre otras medidas, propone eliminar el impuesto de sucesiones, reducir la tasa que pagan las empresas estadounidenses al 15% desde el actual 35% y desgravar los gastos por el cuidado de hijos. También dijo que de llegar a la presidencia, ordenaría a su secretario del Tesoro que «califique a China como manipulador de divisas» y que se instaurasen nuevas tarifas para cualquier país que quiera devaluar su moneda para sacar provecho de EE UU. Trump aseguró que las políticas de la administración Obama han dejado a 14 millones de estadounidenses sin empleo. Sin embargo, el índice de paro ha caído en esta administración del 9,3 en 2009 al 4,9% en la actualidad.