Política

Un experto en Relaciones Internacionales, contundente sobre la mansión de Trump: "Es un símbolo de la democracia convertida en cortijo"

El uso de Mar-a-Lago por parte de Trump vuelve a poner en cuestión los límites entre lo público y lo privado, según Pedro Rodríguez

La mansión de Mar-a-Lago de Donald Trump en Florida
La mansión de Mar-a-Lago de Donald Trump en FloridaSteve HelberAgencia AP

Pedro Rodríguez, diplomático y analista internacional, abordó el asunto en el programa Al Rojo Vivo de laSexta, donde analizó el papel que está jugando Mar-a-Lago en la política estadounidense actual.

Para el experto, el uso recurrente de esta residencia privada como escenario de encuentros políticos y diplomáticos no es una anécdota, sino un síntoma de algo más profundo.

Según explicó, el hecho de queel presidente de Estados Unidos utilice de forma habitual su residencia privada como centro de actividad políticarefleja una preocupante confusión entre lo público y lo privado. “Mar-a-Lago se ha convertido en el símbolo de hasta qué punto la democracia estadounidense se está transformando en un cortijo”, afirmó durante su intervención.

Mar-a-Lago como símbolo del uso personal del poder

Rodríguez subrayó que no se trata solo de una cuestión de formas, sino de fondo. A su juicio, el problema radica en que decisiones de enorme calado político se estén gestando fuera de los cauces institucionales usuales, en un espacio que pertenece al ámbito personal y empresarial de Donald Trump. Algo que, en su opinión, debilita los contrapesos del sistema y normaliza prácticas que antes habrían sido impensables.

Durante la conversación, el diplomático recordó que Mar-a-Lago no es solo una residencia privada, sino un club exclusivo donde se celebran eventos, se cierran acuerdos y se mantiene una intensa actividad política. Un escenario que, según señaló, rompe con la tradición de separar claramente la esfera privada del ejercicio del poder.

Además, Rodríguez apuntó que esta forma de actuar contribuye a erosionar la confianza en las instituciones y a consolidar una política basada más en la figura personal del líder que en el respeto a las normas democráticas. “No es solo dónde se reúne, sino lo que representa hacerlo ahí”, insistió.

El análisis llega en un momento especialmente sensible para Estados Unidos, con un clima político cada vez más polarizado y con Trump nuevamente en el centro del tablero. Para Rodríguez, el debate sobre Mar-a-Lago va más allá del simbolismo: es una muestra de cómo han cambiado las reglas del juego y de hasta qué punto se han difuminado los límites entre lo institucional y lo privado.