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Los ultras en Alemania absorben el "voto rojo"

Los Verdes se convierten en el árbitro de los Gobiernos de coalición en Sajonia y Brandeburgo.

Los Verdes se convierten en el árbitro de los Gobiernos de coalición en Sajonia y Brandeburgo.

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No fue una sorpresa que el partido ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD) resultase el gran ganador moral de la noche electoral en los Estados orientales de Sajonia y Brandeburgo, ya que desde hacía meses las encuestas le daban incluso la victoria. Annegret Kramp-Karrenbauer, la jefa del partido de la canciller Angela Merkel, la Unión Cristianodemócrata (CDU), esperó hasta la mañana siguiente para asegurar lo que ya todos sabían: «Nos distanciamos claramente de AfD y, por supuesto, sigue en pie la decisión de que con AfD no habrá ningún Gobierno». La CDU y el Partido Socialdemócrata (SPD) habían salvado una vez más los muebles en el último minuto y la amenaza de nuevas elecciones generales se alejaba por el momento.

El jefe de AfD, Jörg Meuthen, explicaba en la televisión pública ARD, por su parte, ya la noche de las elecciones, la satisfacción de su partido por el «grandioso resultado» y explicaba que su estrategia sería similar a la de la Liga en Italia. «El partido comenzó en el norte del país y ya domina en toda Italia». En Alemania, los buenos resultados en el Este serían el «comienzo» de un movimiento similar que alcanzaría todo el país. Eso sí, hasta ahora, solo en su fantasía, ya que las encuestas y los expertos no ven un cambio en ese sentido en el suroeste, donde se encuentra el mayor número de electores alemanes. En lo que sí llevaba razón Meuthen es en el hecho de que «coaliciones de tres partidos son siempre inestables» y ésa es la única salida que le queda al resto de fuerzas políticas tanto en Sajonia como en Brandeburgo para formar un nuevo Gobierno.

El presentador le preguntaba que si su partido no se distanciaba de tendencias extremistas nacionalistas, ya que los otros partidos no van a querer formar gobierno con AfD, a lo que éste respondía sin pestañear: «Se pueden quedar esperando a que nos distanciemos de ello, ya que no lo vamos a hacer. Somos un solo partido y no nos vamos a dejar dividir».

El experto en partidos y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Duisburgo Karl-Rudolf Korte explicaba a la cadena alemana ZDF que observa cómo en la sociedad tiene lugar en estos momentos «un movimiento hacia la derecha de los consensos», de lo tolerable y que quien vota a AfD lo hace también porque sabe que este partido representa posiciones de extrema derecha. Aunque es «un movimiento que pesca en todas partes, también en electores que hasta ahora no votaban». Una buena parte de los electores de dicho partido lo vota como forma de protesta. «Es una amalgama de motivos diferentes», aseguraba. Lo cierto es que una parte de los electores de La Izquierda (Die Linke), en teoría al otro extremo del espectro político, habrían votado en esta ocasión por AfD, aunque también a Los Verdes y no pocos a la propia CDU, temerosos de que ésta dejase de ser el primer partido. En el último momento se habría movilizado asimismo a parte de los votantes indecisos a dar su voto a los conservadores por el mismo motivo, de ahí la elevada participación en comparación con 2014.

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AfD existe desde hace solo seis años y ha llegado, al parecer, para quedarse. En 2014, entraba en tres parlamentos regionales y ahora ya está presente en todos y es la tercera fuerza a nivel nacional en el Bundestag. En sus comienzos, fue un partido protesta muy centrado en las críticas al euro y a los mal llamados rescates de las economías del sur de Europa, pero desde entonces y a raíz de la crisis de los refugiados en 2015 la formación se ha ido moviendo hacia la derecha con una retórica basada en la xenofobia y el rechazo al islam que le reportan un mayor éxito electoral. Su otrora jefe Bernd Lücke, que en sus mejores momentos proponía bajar el salario en España, fue apartado en favor de figuras aún más nacionalistas y populistas.

Las últimas encuestas dan a la CDU de Merkel unos cinco puntos menos de los que obtuvo en las últimas elecciones generales de 2017. Su socio de Gobierno, el SPD, cae aún más en todas las encuestas y deja de ser la segunda fuerza para ser la tercera o cuarta. En su lugar, llegan Los Verdes con impulso, aupados por las protestas contra el cambio climático y la crisis del diésel que ha afectado a la industria alemana. Alternativa por Alemania se mantiene y La Izquierda de Die Linke, así como el Partido Liberal (FDP) bajan varios puntos.

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Una canciller desgastada, que ya ha asegurado querer retirarse de la vida política en 2021, deja a una CDU muy castigada por un electorado convencido de que su política migratoria ha sido demasiado benévola cuando, en realidad, junto con los socialdemócratas se ha dedicado a endurecer las leyes de asilo, a expulsar a refugiados de países ahora declarados como seguros, entre ellos Afganistán, así como a promover acuerdos con dictaduras o con gobiernos dudosos como el de Libia, en los que no se garantizan ni los derechos ni la seguridad de los refugiados. Una nueva Gran Coalición se vuelve cada vez más improbable y un Gobierno de tres partidos puede ser una solución demasiado inestable.