Y de «¡Hola!», exclusivas

«Mar Flores ratifica que ha sido el esposo el que ha tomado la decisión de separarse»

Mar Flores ha confirmado la ruptura de su relación con Javier Merino
Mar Flores ha confirmado la ruptura de su relación con Javier Merino

No exagero, en el número de esta semana, solo en la portada tenemos: gran portada, primeras declaraciones de Mar Flores tras su separación; Eugenia Osborne presenta a su hijo Tristán; Chabeli nos abre su casa de Miami –estas dos con ventanas de portada–; y Cristina Pedroche estalla y se defiende.

Empecemos por la todavía señora de Merino. Lo primero que aclara la revista es que la exclusiva es sin contrapartida económica, todo por amistad. Es bueno saberlo para evitar especulaciones. Mar ratifica que ha sido el esposo el que ha tomado la decisión de separarse. Ella, por su parte, la asume. Hay veces que no hay alternativa. Se pregunta el porqué de juicios tan duros sobre ella; se responde que por haberse rodeado de personas desleales en el pasado. El problema lo tienen ellos, argumenta. Una amiga –qué duras suelen ser las mujeres con las de su mismo sexo– me comentó que la primera desleal fue ella con Fernández Tapias. Cierto, pero veo más deslealtad y crueldad en las famosas fotos que se vendieron a sabiendas del terrible daño que se le hacía a la entonces juvenil modelo. Contestación de mi amiga: siempre hay alguien más desaprensivo, pero eso no excusa un pésimo comportamiento. Duro , pero cierto. El posado de Eugenia Osborne y sus hijos es la prueba de los caprichos de los dioses. No se puede ser tan maravillosos sin despertar oleadas de envidia sarracena. Chabeli sí que cobra y hace muy bien, que mantener semejante mansión debe costar una fortuna. Con aportaciones como la de «¡Hola!» se atenúa el gasto. La verdad es que Chabeli es la menos estilosa de la familia. Con los años, a pesar del cuidado reportaje, se ha puesto «bastota», además de parecer 10 años mayor que su madre.

Cristina Pedroche merece capitulo aparte. Es guapa, incluso le reconozco que hace bien su trabajo, pero alguien que se dedica a dar opiniones o simplemente hablar para millones de personas tiene que tener más cuidado con lo que dice, salvo que lo que se pretenda es formar el lío, acogiéndose al que se hable de mí a cualquier precio. Pero hay precios altísimos en una profesión donde hay millones de jovencitas monísimas, preparadísimas, a la caza y captura de cualquier oportunidad para arrebatar su puesto a la mejor situada. Por muchos perdones que se pidan es tan absurdo tratar de ofender a 7 millones de votantes del PP –según las ultimas elecciones, 10 millones según las anteriores– por el simple hecho de que no piensen como ella. Respecto a esa especie de lugar común al que se acogen muchos que adquieren fama de forma meteórica, «no he cambiado, sigo siendo la misma, soy de Vallecas, ahí es donde está mi gente y mi vida, no quiero ponerme ni fina ni sofisticada», mira Cristina, todo muy loable, pero sin abjurar de tu entorno y de tu gente, tendrás que admitir que tu vida es otra, que te mueves por el mundo, que te vistes de grandes modistos, que te maquillan y te peinan refinados estilistas, que hasta tu marido lo que regenta es un restaurante de lujo, por cierto, poco frecuentado por el público vallecano y que has conocido a muchas personas, generalmente del entorno en el que te mueves ahora. Son tus amigos los que no han cambiado. En tu caso o eres un bloque de acero, nada permeable a ninguna sensación nueva, o irremediablemente eres otra.

«Diez minutos» le regala la portada, nunca mejor dicho lo del regalo, a Mónica Hoyos, que ha sido, al menos en España, de escasa y poco brillante carrera. En un momento que ya pasó al olvido, fue carne de cañón por su romance y posterior ruptura con Carlos Lozano, que sí fue un importante presentador. Ella, como si fuera la mismísima Penélope Cruz , declara que «Carlos no puede hacer nada para que vuelva con él». Esto me recuerda la famosa anécdota del torero retirado, que le dijo a Juan Belmonte: «Maestro, voy a volver a los ruedos la próxima temporada». El maestro de Triana le contestó: «¿Pero a ti te ha llamado alguien?». Aquí la pregunta sería, ¿pero Carlos ha hecho o dicho algo para volver contigo?