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¿Por qué siempre queremos cancelar nuestras citas a última hora?

Te contamos 3 razones por las que te podría estar ocurriendo y 3 maneras de poner solución, según una psicóloga

Escena de 'Desayuno con diamantes'. Gtres

Si has hecho clic en este artículo, entendemos que a ti también ocurre. Estamos tranquilamente en nuestra casa cuando nos entra la necesidad de cancelar nuestra cita. Porque nos da pereza. Porque nos da ansiedad social. Porque estamos maravillosamente bien con nosotros mismos. Cuando fue nuestra idea o aceptamos esta quedada parecía ser una buena decisión. Sin embargo, a los momentos instantes no sabemos por qué preferimos dejarlo para otro día.

Y es que en los últimos años hemos escuchado hablar sobre este sentimiento que cada vez es más común entre la sociedad. Pero, no es debido a una irresponsabilidad por nuestra parte o que no nos interesa saber de la otra persona. Incluso, no tiene nada que ver ni depende de nuestra cita. Lara Fereiro, autora del libro ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta, nos habla sobre los motivos por los que siempre queremos cancelar las citas en el último momento.

3 motivos por los que siempre queremos cancelar las citas

"Suele aparecer la ansiedad anticipatoria. Cuando aceptamos la cita estamos en un estado mental tranquilo y racional. Pero a medida que se acerca el momento, el cerebro empieza a imaginar posibles escenarios negativos: silencios incómodos, falta de química, rechazo o sensación de no estar a la altura. Nuestro sistema nervioso interpreta la cita como una situación de evaluación social, y el miedo al rechazo activa zonas cerebrales similares a las del dolor físico", comenta la experta.

En muchas personas aparece el llamado síndrome de la impostora emocional. Este tiene que ver con la sensación de que no vamos a ser suficientes u otros pensamientos intrusivos. "Este patrón también se traslada al terreno afectivo. La persona siente que está engañando al otro y teme ser desenmascarada emocionalmente. Ante esa inseguridad, cancelar puede convertirse en una forma de evitar confirmar ese miedo interno", suma.

Escena de 'Bridget Jones'.Gtres

También debemos tener en cuenta la idealización de la situación previamente. Como comenta, ir a la cita implica enfrentarnos a la posibilidad de que la realidad no encaje con la expectativa. Y es que cancelar, en cambio, mantiene intacta la fantasía y evita la posible decepción. Además, si estamos cansados, estresados o emocionalmente saturados, socializar exige un esfuerzo psicológico que en ese momento puede parecernos excesivo. En estos casos no siempre se trata de miedo, sino de falta de recursos emocionales disponibles.

¿Y si nos gusta la persona?

A veces queremos cancelar incluso cuando la persona nos gusta precisamente porque nos gusta. "Cuando alguien no nos importa demasiado, la cita no implica gran riesgo emocional. Pero cuando sí nos atrae, cuando intuimos que puede haber conexión o ilusión, la situación deja de ser neutra. Se vuelve significativa. Y cuanto más significativo es algo, mayor es la activación emocional que genera", comenta.

Y es que ocurre lo mismo cuando no sabemos cómo reaccionar al nuevo mensaje de tu ex para no caer en la tentación. Como bien comenta, el cerebro anticipa el posible rechazo y lo vive como una amenaza. Cuanto más interés sentimos, mayor puede ser el miedo a salir heridos. También se activa la vulnerabilidad emocional, puesto que cuando alguien nos atrae, bajamos defensas.

"Mostrarnos tal y como somos, con deseo, ilusión o expectativas, implica riesgo. Cancelar puede ser una forma inconsciente de protegernos de ese posible dolor. Aunque racionalmente queramos ir, emocionalmente puede aparecer una señal de alarma que nos invita a frenar. Surge un conflicto interno: quiero ir, pero me asusta lo que puede pasar. Y ese conflicto puede traducirse en ganas de cancelar en el último momento", recalca Ferreiro.

3 prácticas para que no ocurra este sentimiento

Ante esta problemática debemos poner solución. Por ello, la especialista nos ha marcado unas pautas para que las pongamos en práctica y evitemos querer cancelar la cita. Primero de todo, debemos tener claro si se trata de intuición o ansiedad. Para ello, debemos preguntarnos "¿Estoy teniendo pensamientos catastrofistas?", "¿Estoy anticipando rechazo sin pruebas?" O "¿Mi cuerpo está acelerado pero no hay señales objetivas de peligro?".

Si la respuesta es afirmativa, probablemente sea ansiedad. En estos momentos debemos cuestionarnos el pensamiento automático: en vez de pensar que va a salir mal, lo sustituiremos por "no tengo evidencia de que salga mal”. Esto reduce la intensidad emocional y devuelve el control a la parte racional del cerebro.

También tenemos la regla de los 20 minutos. "Comprométete contigo a ir, pero con una condición, decirte a ti misma que estarás 20 minutos y luego decides. Saber que no es una obligación indefinida reduce la sensación de amenaza. La mayoría de las veces, una vez que estamos allí y comprobamos que no era tan grave, la ansiedad baja sola. Esto es una técnica clásica en terapia para romper el ciclo evitación–alivio–más miedo", añade.

Por último, desarrollar empatía también ayuda a regular la impulsividad. "Recordar que al otro lado hay alguien que también puede estar nervioso, ilusionado o vulnerable nos ayuda a salir del bucle interno de ansiedad y actuar desde mayor responsabilidad emocional. Tener empatía no significa obligarte a ir si realmente no quieres, pero sí decidir desde la madurez y el respeto, no desde el impulso del miedo", concluye.