Ida Simons, la pianista que el holocausto convirtió en poeta, regresa a las librerías

En 1941, en la Holanda ocupada por los nazis se prohibía a todos los artistas judíos cualquier actuación pública. Actores, pianistas, cantantes, todos, se veían obligados al silencio.

En 1941, en la Holanda ocupada por los nazis se prohibía a todos los artistas judíos cualquier actuación pública. Actores, pianistas, cantantes, todos, se veían obligados al silencio. Una de las que tuvo que ocultar su actividad fue Ida Sinoms, concertista de piano de alcance mundial que ahora se veía recluída a su propia casa y a los de amigos valientes. Paradógicamente, en 1943 era internada en Westerbork, un centro de internamiento donde participó en coros y conciertos de cámara con piezas de Mahler y Mendelssohn. Su «gran milagro» sucedió un año después, cuando lo que parecía un traslado al campo de concentración de Theresienstadt se convirtió en un intercambio de judíos por material bélico, algo que Himmler practicaba de vez en cuando. Esto le salvó la vida y vaya sí lo aprovechó. Ya nunca más pudo tocar el piano, debido a la crueldad de aquellos años y al nerviosismo de sus manos, pero empezó a escribir y se convirtió en una de las escritoras más fascinantes de mediados del siglo XX.

La editorial Proa, Alfaguara en castellano, recupera ahora su primera novela, y gran obra maestra, «Una verge insensata», una historia que nos traslada a los barrios judíos de Amberes de los años 20, con el abanico de personajes más humano y a la vez pintoresco que imaginarse pueda. Simons nos presenta a una niña, una especie de alter ego poco disimulada, que nos describirá a toda la flora y fauna que vive a su alrededor, de familiares excéntricos a vecinos con algún secreto que esconder. La niña, Gittel, no es más que una confiada e ingenua buena chica, que no sabe que detrás de cada palabra, de cada acto, de cada confesión, hay mil posibilidades de traición. Cuando se de cuenta de que siempre hay algo de lo que arrepentirse, quizá sea demasiado tarde. El conjunto es como esos soles tozudos que ni los días de lluvia pueden ocultar.