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Desahucio en la casa de Robert Capa

El martes, si nadie lo detiene, David, Ljubica y sus tres hijas tendrán que dejar su hogar de 20 m2 en Peironcely 10. Llevan un año sin ingresar un euro

  • David Sánchez y Ljubica Merzán, junto a sus tres hijas: Rubí, Alba y Dara, de 2, 5 y 18 años / Cipriano Pastrano
    David Sánchez y Ljubica Merzán, junto a sus tres hijas: Rubí, Alba y Dara, de 2, 5 y 18 años / Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 5 min.

06 de mayo de 2018. 05:30h

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Belén V. Conquero 6/5/2018

No se conserva copia en papel ni su negativo original, tan sólo existen reproducciones de la prensa de la época. Hablamos de una de las imágenes más icónicas del fotógrafo húngaro Robert Capa de la Guerra Civil española. La que realizó en el otoño de 1936 en el actual barrio de Entrevías. Un grupo de niños sentado en la acera de una casa con la fachada completamente acribillada reflejó muy bien, fuera de nuestras fronteras, el drama que se estaba viviendo en España.

Esta humilde casa, construida para las familias obreras de la zona, aunque (mal) tapados con yeso, aún conserva los orificios de la metralla que recibió. Sólo con observar su fachada y recordar la famosa imagen, el paseante regresa al pasado, a aquella etapa de miseria que creemos superado, pero que las 15 familias que allí viven aún no olvidan. En especial la formada por David Sánchez y Ljubica Merzán y sus tres hijas. Están a punto de perder el único techo que conocen y que no abarca más de 21 metros cuadrados. En ese espacio viven los cinco, con una cocina que se cae a cachos y con el cableado original. «Cualquier día salimos todos ardiendo», explica David mientras enseña a LA RAZÓN su humilde hogar. Ninguno de los dos trabaja y el próximo martes, si la Administración no lo impide, les desahuciarán.

«Nosotros no hemos recibido ninguna notificación de desahucio para el 8 de mayo», dice Ljubica. «Nos llegó una carta a finales de enero en la que nos indicaban que se iniciaba el procedimiento de desahucio y que podíamos solicitar abogado y procurador de oficio», pero ahí quedó todo. Ha sido la Plataforma #SalvaPeroncely10 la que les han transmitido la información.

Tanto David como Ljubica llevan parados más de un año y, «un error administrativo nos ha llevado a esta situación». El matrimonio recibió el viernes, por tercera vez, una carta de la Consejería de Políticas Sociales y Familia mediante la que se les solicita que presenten toda la documentación que ya han dado previamente para pedir la Renta Mínima de Inserción (RMI). «Hemos llevado todo lo que nos han pedido dos veces ya. Siempre nos dicen lo mismo, que revisarán la documentación y se pondrán en contacto con nosotros, pero nunca ocurre», sostiene ella. Enseñan la nueva misiva en la que indican que deben presentar los documentos antes de 10 días. «Sólo falta que se nos pase», suspira Ljubica.

¿Dónde se originó el error? David lo explica: «Cuando perdimos el trabajo, la asistenta local nos recomendó que, además de la renta mínima, solicitáramos el subsidio de parados de larga duración –dos ayudas incompatibles–», para lograr acceder a la ayuda cuya gestión administrativa fuera más rápida para luego anular la de concesión más lenta. El problema llegó cuando les notificaron, de forma simultánea, que les habían concedido ambas. Ante esto, la pareja pidió que se les anulará la ayuda que percibirán como parados, pero, por algún error administrativo, les retiraron ambas. Por este motivo, llevan casi un año sin poder pagar los 350 euros de alquiler. Han tenido que elegir: dar de comer a sus hijas o estar al día con el casero.

Rubí, de dos años, juega con su coche en uno de los dos patios interiores de la casa, ajena a la conversación de los adultos. Mientras, Alba, de 5, se hace selfies con el móvil de uno de sus padres. Es Dara, la mayor, de 18 años, la que más apoyo presta a sus padres. Sabe que el martes pueden perder el hogar que hasta ahora conocían. Ni ella ni sus padres han perdido la esperanza. «Esperamos que antes del martes se solucione el problema».

La realidad es que la situación de la casa en la que viven se puede calificar hasta de peligrosa. Sólo hay que echar un vistazo a su interior para cerciorarse de que no es la mejor casa para criar a tres niñas, «pero es lo que tenemos. Si encima nos quedamos sin esto...», explica Ljubica. Una bolsa de plástico pegada al techo es sólo un primer ejemplo. «Cuando llueve fuera, también lo hace dentro de la casa». Las paredes de la habitación principal están llenas de cinta aislante. ¿Por qué? «Las cucarachas», dice ella con gesto preocupado. «Son enormes y me da pavor que salgan por la noche». Pasamos a la cocina y la situación no mejora. Los claves de electricidad deshilachados han dado más de un susto a la familia. En el baño que comparten los cinco, una de las paredes se está levantando y «un día, mientras mi hija mayor se duchaba, se le cayeron varias baldosas por la humedad. Menos mal que no le pasó a la chiquitina que si no...». De todos estos desperfectos el casero se desentiende. «Un día vino a verlo y me dijo: ''¿Qué puedo hacer yo con esto?''», recuerda David.

Ljubica reconoce que «sobrevivimos gracias a la ayuda de la gente, de organizaciones como Cáritas, que este año nos ha pagado el colegio de las dos mayores». Las otras 14 familias que viven en el icónico edificio también les ayudan. Sus condiciones también son muy mejorables.

«Hemos pedido la mediación del Ayuntamiento, pero la concejala se lava las manos. Ellos se amparan en que es una cuestión entre particulares, pero no es así. En unos meses, este edificio pertenecerá al Consistorio, por lo que aquí sólo hace falta un poco de buena voluntad», explica José María Uría, coordinador de la plataforma y responsable del Centro Documental de la Fundación Anastasio de Gracia-FITEL.

Esta Plataforma, que está compuesta por 22 entidades de Estados Unidos, Alemania, Francia, Portugal y España no sólo buscan proteger el patrimonio cultural que representa Peironcely 10, sino «también a los vecinos que lo habitan. Si echan a esta familia, ¿cuál será el beneficio?». Uría se autoresponde: «El dueño no lo va a poder alquilar y, además, ya le ha dicho a los vecinos que no tiene intención de ello, ya que cuando se fue una pareja, tapió la entrada de su casa», justo la que está enfrente de este matrimonio.

La coordinación de #SalvaPerironcely10 ha dirigido un escrito al consejero de Políticas Sociales y Familia, Carlos Izquierdo, solicitándole que reactive «a la mayor brevedad posible» la RMI para David, Ljubica y sus tres hijas. También han enviado una carta al dueño del edificio, Luis Santiago Barrena, «apelando a su humanidad y empatía» con la situación de la familia, para que paralice el desahucio. Asimismo, la Junta Municipal de Puente de Vallecas, presidida por Paco Pérez, confirmó a la Plataforma que, inicialmente, podría asumir el coste de la deuda de cuatro meses.

Con todo, Uría tiene clara una cosa: «En esta casa se mezclan pasado y futuro, pero esta situación no hace más que devolvernos al pasado».

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