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Suerte Quintero: «No se ha avanzado nada en los trastornos alimentarios»
La actriz ha publicado «Ya nunca tengo hambre», que sale de la obra de teatro que la creadora presentó el marzo pasado, un texto sobre el amor propio

—Escribí esta obra con el objetivo de que en las cervezas de después los grupos de amigas hablasen del tema. No ha sucedido.
Dice Suerte Quintero Bandrés (Jaca, 1996) y se ríe, pero no es gracioso. Y es que es tan grande la presión, es tan difícil contar que se tiene un problema con la comida, aunque no tenga nada ver con la comida, que las mujeres no lo hablan, cree ella. Y como ya había presentado el marzo pasado su obra de teatro «Ya nunca tengo hambre» y quizá la gente no tuvo tiempo para ir a verla porque todavía no estaba en la programación de un teatro algo más «mainstream» y sobretodo porque el público se lo pidió: ha escrito un libro, que lleva el mismo nombre que la obra. Lo saca en un contexto en el que dice que no se ha avanzado nada: el auge de comer comida real, de ir al gimnasio, de exponerse en redes sociales se lo lleva todo.
El público se lo repetía tanto que lo vio como una oportunidad. «En casi todas las funciones que he hecho al salir había alguien del público que me decía: “Buah, necesito volver a leer el texto», cuenta. Y eso es muy importante para la actriz porque, dice, escribe para ellos. «Hago el teatro para el público. Creo que algo que pasa mucho con los creadores de hoy en día es que piensan de más en sí mismos y demasiado poco en el público».
Y vio que muchas veces se tenían que alinear muchos astros para que en ese día concreto, siendo que ella no estaba todavía en las programaciones mainstream y no tenía muchas días seguidos para actuar, alguien pudiera ir a verla —la obra es un monólogo. Y entonces el libro: «Es una muy buena oportunidad para que el texto llegue muchísimo más lejos y que la historia en sí misma, que ya no me pertenece, que son unas palabras que pertenecen a quien las recibe o a quien las lee, pueda llegar independientemente del país en el que viva». Quintero anuncia que la obra volverá a estar en los teatros la próxima temporada, a partir de septiembre.
También hay otras razones. Por un lado, que es algo que cree que la «complementa como creadora». Y que la obra es algo «efímero»: esto le permite ofrecer un objeto físico. El texto es prácticamente el mismo, cuenta, pero ha tomado pequeñas decisiones para que algunas cosas que suceden en la interpretación se entiendan la lectura. «No quería que fuese un libreto de teatro publicado, porque quiero que al lector la experiencia le llegue igual de directa que cuando estás sentado en una butaca. Entonces creo que las acotaciones te van sacando».
El libro es autopublicado —tiene un precio de 16,50. Ha sacado una primera tirada de 300 ejemplares, de los que ya ha vendido más de 200. «Me planteé si buscar una editorial y pensé: ¿qué quiero yo con este libro? ¿Cuáles son mis expectativas? Y dije: no. Quiero que la gente que lo quería tener lo pudiese tener, que me acompañe en cada obra de teatro y que se pueda comprar a la salida de alguna función. No creo que el camino literario sea el camino que yo quiero recorrer», explica en una cafetería de Madrid. «Cuanta más gente llegue, mejor. Pero lo escribo con un fin político y social, más que económico». El prólogo lo firma la periodista Claudia Vila: «Es precioso. Y es perfecto que haya sido ella, porque es simbólico que siguiésemos nuestros trabajos por internet, somos amigas de internet, y nos conocimos cuando vino a ver la obra. Sus palabras ahí cierran un ciclo de alguna manera».
Quintero escribe que el trastorno de la conducta alimentaria (TCA) no tiene nada que ver con el cuerpo. «Tiene que ver con el amor. Tú eres una niña, un niño, que no entiende muy bien de qué va el mundo. Entonces luego ya creces y de repente te das cuenta de que hay algo que se llama belleza, que te categoriza en un punto más bajo de la jerarquía del poder social o más alto. De repente hay alguien que te llama fea. Y dices: voy a hacer todo lo posible para huir de esa etiqueta, de fea, de gorda, y voy a hacer todo lo posible por encajar en esa normatividad para que el mundo me ame, me acepte, me celebre».
En el fondo cree que «todos somos víctimas de eso: el físico es la primera capa, por lo que se nos elige». Según Quintero después de la pandemia hubo un auge de la comida real («realfood»): «Creo que hay una confusión muy grande y que ese discurso hace que te puedas obsesionar muy rápido». La obra habla del vacío, del hueco y la actriz explica que la alimentación sirve para tomar el control de algo. «Dentro de toda esta incertidumbre: si yo controlo mi cuerpo, si yo controlo lo que quemo al milímetro, hay al menos algo sobre lo que sí que tengo el poder».
«No se ha avanzado en absoluto sobre el tema, sino que es que vamos cada vez a peor. Y creo que las redes también tienen mucha culpa de todo esto», apunta Quintero. «No quiero ser como esa persona boomer que demoniza las redes sociales, pero sí que creo que las redes son un mundo de apariencia súper grande. De hecho, un like… es un corazón. Es como el símbolo del amor, ¿no? Vale: cuantos más likes, más me quieren».
Ella sabe lo que cuesta abrirse sobre este tema, y por eso quería «poner su herida al servicio de una historia». «El gran problema es que crees que solo te pasa a ti. Es más fácil cuando empieza a compartir pequeñas experiencias poco a poco con la gente que te rodea y te das cuenta de que esta experiencia que tú crees individual es una experiencia colectiva y compartida, y que también es algo político. Compartir el peso es algo liberador».
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