Las estufas de los bares, en peligro por el cambio climático

La localidad de Rennes ha sido la primera de Francia en prohibir las estufas de gas que calientan las terrazas al aire libre. Los expertos calculan que cada hora uno de estos aparatos emite hasta tres kilos de CO2.

Una estufa de butano encendida durante ocho horas emite el equivalente a 120 km de un coche de gasolina
Una estufa de butano encendida durante ocho horas emite el equivalente a 120 km de un coche de gasolina© Gonzalo Pérez MataLa Razón

La ciudad francesa de Rennes se ha convertido desde el 1 de enero en la primera ciudad gala que prohíbe las terrazas climatizadas. Es parte, dicen desde al ayuntamiento y recoge el diario Le Monde, de la transición verde: “Con el desafío ecológico ante nosotros, debemos ser ejemplares en el espacio público”, afirmaba el vicealcalde Marc Hervé. La prohibición se convierte en un mensaje claro sobre la emergencia climática, aunque hay otra causa secundaria: la proliferación de espacios habilitados en la calle para los fumadores, explica el diario francés.

Rennes no es la única ciudad de Europa que se ha planteado qué hacer con estos aparatos. En Francia, Burdeos ha decidido estudiar junto a los comerciantes qué medidas tomar. Y es que el sector de la restauración afirma que estos espacios suponen entre el 30 y el 50% de la facturación de algunos locales y generan empleo durante todo el año. Incluso en París, la capital, ya van varios intentos por regular la presencia de estas estufas de hongo. El primero y más notorio fue en 2011 cuando se propuso la prohibición solo de aquellos modelos que no fueran de gas. Una decisión que fue finalmente revocada por los tribunales, recuerdan los medios franceses. Solo un dato: por entonces se contabilizaban unas 8.600 establecimientos con terraza en la capital.

A final de 2019, los verdes han vuelto a poner encima de la mesa la idea de regular la presencia de estos aparatos en las calles y todo apunta a que se va a lanzar una consulta con los comerciantes en 2020 o 2021 para revisar la regulación. No hay que olvidar que el país todavía sufre las secuelas de las revueltas de los chalecos amarillos. Y tampoco que estas protestas se iniciaron, entre otras causas, por el incremento de los impuestos sobre los combustibles con más emisiones de carbono.

También hay ejemplos en España. El anterior equipo de Gobierno de la ciudad de Madrid estuvo barajando esta posibilidad en 2017. Según el censo de terrazas de Madrid ese año había más de 4.500 terrazas. El 30% de ellas concentradas en los distritos de Chamberí y Salamanca. “Ese año se intentó legislar el tema en la Ordenanza de Terrazas. No se llegó a desarrollar pero se habló de la posibilidad de prohibirlas o pedir que funcionaran con energías renovables. Lo que se pretendía era ir más allá de las cuestiones de ocupación del espacio público, un aspecto en el que es evidente que se necesita regular”, cuenta el portavoz del grupo municipal Más Madrid. Consultados por este periódico, el nuevo gabinete no se ha pronunciado sobre si se replantea medidas de este tipo para las terrazas de la capital.

Barcelona sí ha incluido entre sus acciones para luchar contra el cambio climático la regulación de estos hongos. La nueva ordenanza de terrazas, que entraría en vigor a partir de 2025, incorpora la prohibición de las estufas de combustión. “Tenemos pues un calendario que obliga a que dentro de cinco años las estufas de gas no estén presentes en el espacio público. Ahora bien; también trabajamos con el horizonte que los restauradores progresivamente dejen de utilizar antes estas estufas y, por tanto, busquen medios alternativos, ya sea estufas eléctricas en caso de que sea posible, u otros recursos como mantas. Estamos de acuerdo en que debe haber un confort en las terrazas, pero debe haber unos límites. Hemos sido empáticos con las demandas de los restauradores y sabemos que mucha gente ha hecho inversiones altas, pero hay que respetar que el espacio público es de todos y ser conscientes de que vivimos en una ciudad mediterránea y que, por tanto, nuestra temperatura ya permite tener terraza todo el año”, dicen fuentes municipales.

Sin embargo, la ordenanza de Barcelona deja sitio para las eléctricas. “La eficiencia de una estufa de gas es muy baja (solo llega al 30% porque el calor se dispersa) y emite más, tres kilos de CO2 cada hora, frente a los 0’5 kilos de una eléctrica. Hay terrazas que ya las incluyen, pero hay que pensar que su coste es mayor. En cualquier caso no tiene sentido en un contexto de emergencia climática, y con el Acuerdo de París firmado, que en lugar de acelerar el cambio reduciendo emisiones, las sumemos. Además, emitimos en un espacio en el que encima se está limitando el tráfico debido a los contaminantes. La ONU nos dice que nos quedan diez años para que la temperatura media global no supere los 1,5 grados. En algún momento se tendrán que plantear medidas”, opina Pablo Barrenechea, adjunto a la Dirección de la Fundación Ecodes.

La fundación cuenta con sus propios cálculos sobre lo que puede suponer a la atmósfera todas estas estufas. “Hicimos los cálculos basándonos en datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía y la Oficina Española de Cambio Climático. El fin era poner el tema en perspectiva. Teniendo en cuenta el consumo medio de una estufa de butano, y si está encendida ocho horas, en un sólo día se habrá emitido el equivalente a 120 km en un coche de gasolina. Luego calculamos unas cuatro estufas para una terraza grande. Al final de cada mes se generan las mismas emisiones que un vuelo Madrid-Lima ida y vuelta, es decir, unas tres toneladas de CO2, más o menos la mitad de lo que un establecimiento de unos 800 m2 emite”, detalla Barrenechea.

Emilio Gallego, secretario general de la Federación Española de Hostelería y Restauración explica la posición de los restauradores: “En España el uso de estas estufas no es tan relevante como en los países del norte. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los coches de gas y eléctricos están circulando por las calles con la etiqueta Eco. Lo que nos parece razonable es que se hagan ordenanzas tipo para luego copiar las buenas prácticas en todo los municipios. En cualquier caso, es una medida que se puede analizar junto a la Federación Española de Municipios y Provincias para ver si hay que adoptarla”.

“Muchas veces estos aparatos se usan como reclamo incluso cuando no hay nadie. Si no tienes un aislamiento cualquier sistema que utilices para climatizar es tirar energía a la atmósfera. Pero claro, en una terraza perfectamente cerrada no se puede dejar fumar. Por eso caminando por la calle ves terrazas sin cerramientos que están quemando gas. La calefacción por radiación es una barbaridad. Tienes un foco de calor y te llega frío por el resto del espacio. Es decir, que estas estufas no tienen ningún sentido ni a efectos sanitarios, porque favorecen al que fuma, ni a efectos de eficiencia energética”, opina Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables. Además, hace referencia al Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), aprobado por Real Decreto 1027/2007. En él se regula la calefacción de espacios habitables. El texto dice que “La climatización de espacios abiertos sólo podrá realizarse mediante la utilización de energías renovables o residuales. No podrá utilizarse energía convencional para la generación de calor y frío destinado a la climatización de estos espacios. Sin embargo, en el artículo 2 especifica que se considerarán como instalaciones térmicas las instalaciones fijas de climatización. Por eso las estufas de las terrazas que van con ruedas pueden quemar sin restricciones”.