La república zombie
«Lo mejor de los políticos nacionalistas es no tratarlos, llegó a decir Azaña»
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La televisión pública convirtió ayer la salida de la cárcel de los secesionistas sublevados contra la Constitución y la nación en un meeting separatista en directo. Ante un hecho como este, no hacen falta demasiadas explicaciones para entender lo ocurrido estos días. Sabemos quién gobierna España. Lo que no sabemos del todo es con qué objetivo. Lo conocemos en parte, eso sí. No cabe la menor duda de lo que quieren los secesionistas. No está tan claro, sin embargo, en el caso del gobierno.

Una de las claves del asunto está en comprender que la legitimidad histórica de la Monarquía parlamentaria española de 1978 reside, no en el liberalismo conservador, centrista o progresista del siglo XIX, ni tampoco en la Monarquía constitucional de entre 1876 y 1923, un régimen liberal en trance de democratizarse, y más democrático ya que casi todos los países occidentales de la época. Por una ironía perversa, la legitimidad histórica de la Monarquía parlamentaria ha quedado establecida en la Segunda República y más precisamente, en los años del llamado bienio azañista, con una aún más sorprendente ampliación en cuanto a la «República» –llamémosla así– en guerra.

Por eso se traen a colación a los protagonistas de aquellos dos años no ya para entender el presente, un ejercicio legítimo y –con suerte– fecundo, sino como respaldo para las decisiones actuales. Y así es como se llega a afirmar que Ortega o Azaña justificarían los indultos socialistas actuales de haber vivido el procés y el 1-O. No seré yo quien se arriesgue a un ejercicio como ese, entre la ilusión infantil y la sesión de espiritismo. Bien es verdad que antes de poner el vaso en medio de la mesa, lo mejor sería saber a quién preguntamos: si al Azaña de 1931, al que pidió al gobierno que bombardeara Barcelona en mayo de 1937 o al que volvió a tratar con los nacionalistas («lo mejor de los políticos nacionalistas es no tratarlos», había llegado a decir) para encontrar algún aliado frente a la arremetida de Negrín y los comunistas… Y en cuanto a Ortega, tampoco estaría mal saber si es el de la Agrupación al Servicio de la República, el del verano del 31, el posterior a la sublevación de la Generalidad o el que se desentiende de la República y apoya a Franco a medias palabras después del 36. Todo estará en dejar que los muertos vivientes elijan ellos mismos.

No les dejarán. Como se ha hecho del bienio azañista la referencia histórica de la Monarquía, todo está preprogramado para cometer los mismos errores de entonces. El fundamental consiste en no entender que cualquier decisión sobre la cuestión catalana requiere un acuerdo previo entre los partidos nacionales, de izquierdas y de derechas. Es ahí donde hay que hacer política, y a lo grande. Ahora bien, como en realidad vivimos, a pesar de la apariencias, en la Segunda República, volvemos a gobernar con los nacionalistas en contra de quien así ha quedado convertido en el enemigo. La república de los zombies, en directo. Y los muertos de verdad, en un futuro próximo.