Bajadas por ventas

La Razón
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Esta frase la suelen usar muchos los expertos en Bolsa. Después de fuertes subidas vienen las ventas para los inversores de ganancias a corto plazo. Algo parecido ha pasado con esa especie de comunicado del Parlamento catalán, votado solo por una parte de los diputados, en el que se insta a declarar la República catalana a la mayor brevedad. Después del subidón emocional, ahora viene la rutina necesaria en cualquier Cámara. Presentación por los constitucionalistas de un escrito oponiéndose, informe jurídico del Parlamento, reunión de la Mesa para tratar de buscar un encuentro, incluso plazos y fechas para las distintas votaciones... Y el día 9 de noviembre a la vuelta de la esquina. Con lo oportuno que es hacer las cosas de forma razonable. Se elige al presidente de la Generalitat; él mismo forma Gobierno y presenta su plan de actuación para la legislatura, siendo el primero de todo, conseguir la independencia. Igualmente esta pretensión estaría fuera de la Constitución, pero al menos se hubiese actuado con cierta apariencia de normalidad. Hablando de la Bolsa, en una charla con personas de primera fila en los medios, alguien apuntó que a los de Podemos les ha pasado el tiempo muy deprisa, que parecen ya viejos. Le contesté que al igual que les pasa a los cómicos, estar muy expuesto en televisión tiene una subida rápida pero si no cortas a tiempo te terminas hundiendo. En el caso de los cómicos terminas sabiendo sus chistes antes de que los cuenten; a los políticos sus monólogos se les terminan gastando de tanto repetirlos y la noria les termina dejando en el mismo lugar en el que se subieron. Sin contar que efectivamente Podemos ha estado cotizando en la Bolsa política con fuertes subidas, pero no ha estado nunca en el Ibex, que en política son las elecciones generales y para eso hay que esperar al 20 de diciembre. Personalmente no espero, al tiempo que deseo, que no pasen a formar parte del Ibex político y que la lotería electoral les premie con una simple pedrea. El mejor chiste del día, el de la tremenda Marta Ferrusola, cuando increpa a la Policía con aquello de «mi casa no es el Titanic». Cuando mandaba a la prensa a la mierda, su casa ya estaba a punto de convertirse en el Titanic, hundiéndose en el mar helado de la peor corrupción. Estoy por asegurar que el odio que siempre ha demostrado esta señora a España, le viene de que el «¡Hola!» nunca le ha dado una portada.