Después de la moción

La gente no es tonta. Y además se empieza a cansar de tanto tactismo político, o postureo o como ahora quieran llamar a esa manera de ganar votos a base decir y hacer cosas que no valen para nada y que pasan tan rápido como una tormenta de verano. El caso es que –con permiso de los exégetas que las interpretan– la encuesta que hoy publica este diario, y que está hecha después de la moción de censura de Podemos al Gobierno de Mariano Rajoy, ofrece una fotografía bastante cercana a lo que digo. Por partes.

El Partido Popular sigue aguantando. Incluso el estudio de NCReport le augura hasta casi diez escaños más. Pero ese espejismo se compensa con una caída que se mantiene desde marzo y que no sólo resulta ya fatigosa, sino en una tendencia que se va prolongando demasiado. Recuperar la iniciativa tras el verano es la asignatura pendiente de un gobierno que no puede conformarse con sobrevivir a la minoría parlamentaria, y menos aún con lo que tiene alrededor.

Y lo que tiene al lado son unos partidos con serios problemas de credibilidad. El PSOE, que había recibido el regreso de Pedro Sánchez con subidas en la intención de voto, vuelve donde solía: a los 80-85 escaños que ya tuvo en las últimas elecciones. Lógico si el candidato sigue siendo el mismo, con algunas dudas acumuladas por sus cambios de opinión recientes, desde el acuerdo de libre comercio con Canadá a los nombramientos más recientes de su partido.

Y si problemas tiene el PSOE para despegarse de sus últimos y peores resultados de su historia, lo de Podemos es aun más grave. Ya ni se acerca a los 71 escaños que obtuvo en las generales del año pasado. Las razones pueden ser varias, pero seguramente su electorado empieza a cansarse de su tactismo político y, sin duda, también a penalizar la pésima gestión de los municipios donde gobiernan. Si al día a día le añadimos las dudas –en Barcelona– sobre apoyar o no el referéndum de independencia, la cosa ya resulta de aurora boreal.

Ciudadanos, el que más debiera crecer en este momento gracias a los casos de corrupción del PP que afloran, tampoco de despega. Tengo para mi que ese postureo –ahora con el PP y luego con el PSOE– es lo que más perjudica al partido de Albert Rivera. ¡Que oportunidad perdida!