Política

¡El maletilla!

Mientras los demás andamos entretenidos en esa tontuna de decidir quién ha ganado el combate Rajoy vs. Sánchez, Pablo Iglesias lo tiene clarísimo: el vencedor ha sido él.

Lo proclamó en un acto que, mala suerte, le impidió estar en su escaño de europarlamentario durante la sesión plenaria en la que, casualmente, se debatió sobre la situación política en Venezuela y en la que la mayoría de los grupos a excepción del que forma parte Podemos pidieron la excarcelación del alcalde de Caracas. Lo primero es lo primero, y para Iglesias la confianza de quienes le votaron para que les representara en Bruselas no es, como ha quedado demostrado, una prioridad.

Pablo ha decidido unilateralmente que el jefe de la oposición es él y que el Congreso, símbolo de la soberanía popular (del pueblo, se entiende) está donde él considera oportuno, que es mayormente en los platós de televisión. De ahí que haya retado a Mariano Rajoy a un debate mediático, que es algo que, conociendo al presidente del Gobierno, le ha debido tener toda la noche en vela. A Iglesias no se le puede negar el mérito de haber estado presente sin estarlo en la cita política más importante del año. Lo estuvo en algunas alusiones directas y en otras en las que, sin nombrarlo, su sombra se podía intuir entre líneas. Sin embargo, el líder emergente se olvida de que para tener voz y voto, todavía debe someterse a la voluntad de las urnas, que son las únicas que ponen y quitan escaños. Una vez que consiga el suyo, estará en situación de hacer desde él lo que considere oportuno, desde retar al presidente hasta abandonarlo para ocuparse de sus asuntos personales, como hizo ayer con el que tiene en Europa. Hasta entonces, mal que le pese, sus proclamas y desafíos no pasan de ser los del maletilla que salta a la plaza sin estar en el cartel.