Esta España y la otra

La Razón
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Tres

Tres, son tres: Zidane no es gallego, Simeone no es pesimista y Pablo Iglesias confunde como un gallego.

El Madrid, es cierto, ha perdido brío, brillo y bonanza.

–Pero Asensio es cada vez mejor –tranquiliza Zidane.

Asensio empieza a parecerse a Puskas, cuya izquierda, fue la mejor de Europa.

–Una izquierda –me puntualizan– antimarxista, anti todo lo que pasaba en su Hungría, cuando era una «colonia» marxista.

En fútbol, yo soy también izquierdoso. Puskas, humanamente, era un tío fabuloso:

–Mira, Miguel, la vida es libertad controlada.

–¿Qué es eso de libertad controlada –le pedí que aclarase.

Me aclaró:

–Algo así como lo de Jesucristo. Amar al prójimo siempre que el prójimo no piense y ejerza como un hijo de Stalin.

Pablo, anda, aclárate y deja de «cargarte» tan «totalitariamente» a los que discrepan. Eso es ser, lo creas o no, lo que detestaba Puskas.

Simeone no es pesimista.

–Vamos a mejorar esto, ya verán como sí –se anima.

Creamos en la gente de libertad controlada.

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Maginot

Otro que nos deja a los 82 años, Feliciano Rivilla. «Con la línea Maginot hemos topado». La línea Maginot del Atlético la componían Rivilla, Griffa y Calleja. Griffa, la furia; Calleja, el coraje; Rivilla, el fútbol de vanguardia. Rivilla era «El galgo de La Toledana», de igual modo que Gento era «La Galerna del Cantábrico». Rivilla era fino y elegante en el campo y fuera del campo.

–Lo mío es defender –me dijo–, pero lo que realmente me gusta es atacar y pasar el balón a los goleadores.

Voy a decirlo como lo pienso: Rivilla era un heraldo de lo que hoy en día es el magistral Marcelo en el Madrid. Participó en la jugada del gol de Marcelino a Rusia en la final de la Copa de Europa de 1964, con Franco en el palco. A Franco, para que asistiera, le «juraron» que el margen de probabilidades de victoria de España era altísimo. Lo cuento como me lo contó Villalonga, seleccionador nacional de aquella España sin currículo europeo, todavía.

Diez años vivió Rivilla del balón y luego, creo, de la gasolina. Montó estaciones en su Ávila. Hasta siempre, Rivilla.

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Camiseta

Como ya nadie ignora, pues sumamos 40 años de democracia, España sigue bailando el chachachá de que todo es según el color del cristal político con que se mire.

–Democracia para mí –comentaba el otro día en el autobús un señor con arrugas nobles y bastón de jubilado– significa convivir con el consenso y el disenso. Pero nuestros demócratas profesionales (políticos) no saben convivir. Les va el disenso y poco o casi nada el consenso. La camiseta de la Selección, otro disenso. Que si los colores de la franja de los diamantes recuerda la bandera republicana o no. El caso es vivir siempre en la tensión del disenso. Lo importante de la camiseta es que quienes la vistan lo hagan de puta madre en Rusia y ganen, recuerde o no la maldita franja a esta España o la otra. En el fútbol, lo importante, que tan sabiamente sostenía Luis Aragonés, es ganar y volver a ganar. Por lo tanto que les den por ahí a los unos y a los otros.

V1

0 Lopetegui

Lopetegui: un año dirigiendo la Selección, un año invicto. Sus nuevos retos, con gente joven y veterana, Costa Rica y Rusia. Lopetegui ve el fútbol con la virtuosa serenidad de un hombre reflexivo. Obvia el azar. Cree en el «trabajo serio y bien hecho».