Política

Mas, villano y mártir

La mayor parte de las fuerzas políticas catalanas ha alzado la voz contra la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por llamar a declarar como imputado a Artur Mas, todavía presidente en funciones de la Generalidad. Y, como es de manual, echan la culpa de la actuación de la Justicia catalana al presidente del Gobierno español. Su argumento es que se trata de un juicio político y una anomalía democrática, nada menos. Está claro que no creen en la independencia de la Justicia, que enjuicia al controvertido político catalán por cuatro delitos graves, que, de confirmarse, le inhabilitarían para cualquier cargo público. Eso con independencia de su posible responsabilidad en casos relacionados con la corrupción, y que están sobre la mesa y en la calle. Pues nada, la culpa es de Rajoy, que, según la alcaldesa de Barcelona, desprecia la democracia. ¡Qué entenderá Ada Colau por democracia! El caso es que la decisión de los jueces catalanes un año después sobre la actuación de Mas y sus principales colaboradores en el falso referéndum del 9-N, que contravino retadoramente al Constitucional, ha sido politizada por los que se rasgan las vestiduras y acusan al Estado de dejar en manos de la Justicia la cuestión catalana. El hecho, que no parece casual, de que se haya hecho pública la decisión dos días después de las agitadas elecciones, se interpreta por muchos como inoportuno e imprudente. Pudiera ser. Ha contribuido a echar leña al fuego.

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Por lo pronto, ha salvado momentáneamente de la quema a Artur Mas tras su estruendoso fracaso en el falso plebiscito del domingo. Cualquier otro político europeo, con convicciones democráticas, habría renunciado ya a estas horas a seguir presidiendo la Generalitat de Cataluña y se habría apartado de la política. Perdió la consulta en votos y en escaños, después de haber producido una profunda quiebra dentro de la comunidad catalana y de Cataluña con el resto de España. De su comportamiento tendrá que dar cuenta algún día ante la Justicia, y no sólo ante la Historia. Pues ahora resulta que con la tímida y tardía decisión de los jueces de llamarle a dar cuenta de algunos de sus pasos se ha convertido en víctima y mártir, y los mismos que ayer, entre sus compañeros de aventura, lo daban por amortizado, vuelven a ensalzarlo hoy. Se supone que sin querer, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha levantado a Mas de la ruina. Ahora está entre la gloria y el banquillo. Para muchos es un perfecto villano. Para otros, un mártir de la causa. ¡Pobre Cataluña!