Profesores vocacionales

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Vengo de Jaén. He pasado allí el fin de semana, invitada a unas jornadas sobre innovación pedagógica. Interesantes, cuajadas de ponentes, comunicaciones e ilustres invitados que han expuesto metodología de vanguardia en las aulas. Saco varias conclusiones rápidas y previsibles: mejor que tus hijos se centren cuanto antes en los conocimientos tecnológicos; la ingeniería informática concentrará, en breve, el grueso de las ofertas laborales. Los profesores deberán ser evaluados regularmente, como los estudiantes, y prepararse para enseñar de otra manera, deberán «diseñar experiencias» para sus alumnos, ¡como lo oyes! Seguirán emergiendo nuevas materias relacionadas con las necesidades específicas de gigantes como Google, que implanta ya en las escuelas de EEUU varias asignaturas absolutamente ajenas a los contenidos que se ofertan hoy en los colegios españoles. A la vez, en las clases se hará hincapié, más todavía, en el aprendizaje cooperativo y en sacar partido de la diversidad del alumnado. En estas y otras ideas han puesto el acento los conferenciantes en un momento en el que necesitamos imperiosamente políticas que, por fin, hagan posible un pacto de Estado en Educación. Un acuerdo inmutable, ajeno a los cambios de Gobierno. Un sistema que nos saque de esta crisis crónica social que empuja, a quien se lo puede permitir, a llevar a sus hijos a colegios concertados y privados, con más oferta y horas lectivas, con menos huelgas. Necesitamos invertir, como país, en nuestros docentes. Los queremos motivados y mejor pagados, porque no solo de vocación vive el hombre..., aunque la vocación, a veces, hace milagros. Pensaba reencontrarme en Jaén con una profesora de inolvidable personalidad, brillante catedrática de Filosofía que me dio clases hace ya veinte años, me consta que vinculada desde siempre a los organizadores de estas jornadas. Quería darle las gracias por auparme la autoestima en unos tiempos cruciales, adolescentes y difusos, por animarme a ser valiente, a pensar, a estudiar Periodismo cuando nadie me imaginaba en semejante rol. Carmen Martínez supo ver más allá de mí. En Jaén me han contado que un cáncer traicionero se la llevó hace dos años en tiempo récord. Vuelvo a Madrid supurando nostalgia. Lo mismo que tú, desearía que mi hijo se interesara por lo tecnológico, querría ofrecerle la posibilidad de estudiar lo que él quisiera, aquí o en Tegucigalpa, en el centro adecuado, pero, sobre todo, pagaría por que se topara con alguien como Carmen Martínez. Mil gracias, estés donde estés.