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Se alquila útero

Siglos antes que la poesía fuera un arma de futuro (Gabriel Celaya) las palabras han sido arma ofensiva, defensiva, creadora, para el alcance de cualquier propósito. Las palabras giran en la rosa de los vientos y anteceden el rumbo de las transformaciones sociales, las revoluciones y las ingenierías sobre la mentalidad de las gentes. El dicterio de Irene Montero a un diputado del PP tildándole de «machirulo» hace tendencia, y su correctivo a Toni Cantó por decir guardería en vez de escuela infantil revela la sutil ideologización de los idiomas, a caballo de lo políticamente correcto, la ideología de género y la cursilería del postsovietísmo. Fue simpático el pase de niñeras a canguros, pero acabaremos hablando de canguras o marsupialas en el asesinato consumado del epiceno, herencia sillar del griego clásico. El Parlamento Europeo ha prohibido por escaso margen el alquiler de vientres fecundos aunque sean altruistas, y en España esa tentación llegará a Cortes, pero ya como fecundación subrogada. De portero a empleado de fincas urbanas o maestro a profesor de EGB; la palabra disparada como arma para tergiversar un concepto. Legislar sobre vientres de alquiler suena brutal, casi obsceno, indecoroso, porque alquilar el útero es prostitución elevada a la enésima potencia. Paradójico que en España izas y rabizas vivan un limbo legal y se llegue a regular el alquiler del útero. No es una rareza que India y Ucrania, tan respetables como poco imitables, estén a la cabeza del turismo reproductivo compitiendo en precios a la baja con los 20 Estados de EE UU que lo permiten. Portugal se acaba de poner de perfil con una hipócrita gestación subrogada siempre que sea altruista y no remunerada. Eso cabe suponerlo para una madre con su hija infértil, o de una hermana para otra, o entre parientes cercanísimos o poco frecuentes amistades sublimes. Allá donde se permita, el vientre se alquilará por dinero y no se han estudiado las consecuencias psicológicas de la gestante que factura su fruto, con IVA o sin él. Se anuncian negocios que legalizan úteros en países permisivos, aunque sólo para pudientes, parejas o monoparentales, entre ellos famosos ufanos y aplaudidos, trayendo gemelos o con sexo a la carta. Muchas veces la tecnología o la biomédica nos han asomado a la barbarie, y esta será una de ellas mientras rebosan los niños estabulados en hospicios. El útero alquilado equivale a las granjas nazis de reproducción aria.

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