Balance positivo en Interior

La Razón
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El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha concedido una entrevista a LA RAZÓN en un momento clave en la responsabilidad de su Departamento, inmerso en la resolución de algunos de los principales retos a los que se enfrenta la sociedad española. Porque lo cierto es que no se suele presentar en la acción política una tal coincidencia de asuntos relevantes, que exigen respuestas rápidas y ajustadas, como se vienen produciendo en el momento presente. La gestión del final de ETA, las consecuencias de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, el mantenimiento de las garantías y libertades ciudadanas en el complejo escenario de la crisis económica, el desafío de unos movimientos migratorios africanos que repuntan en intensidad, la amenaza del terrorismo islamista en medio de las convulsiones del mundo árabe, la adaptación de la legislación al proceso de reformas impulsado por el Gobierno de Mariano Rajoy forman parte, entre otros muchos asuntos, del dosier cotidiano del Ministerio del Interior. Y con todos los matices que se quiera señalar, que sin duda los hay, es preciso reconocer que la vida cotidiana de la Nación discurre dentro de los cauces deseables de la convivencia democrática y el ejercicio de los derechos individuales. Buena parte del mérito corresponde a unas Fuerzas de Seguridad del Estado, con la Policía Nacional y la Guardia Civil en vanguardia, integradas por excelentes profesionales, directamente involucrados en la defensa de nuestro Estado de Derecho. Unas Fuerzas de Seguridad que hacen honor a una de las democracias más avanzadas del mundo como es la española. Pero sería injusto regatear la parte que le corresponde del éxito al actual ministro y a su equipo. En la entrevista, Jorge Fernández Díaz no elude la respuesta ante ninguna de las actuaciones más controvertidas o criticadas de su Departamento, ni oculta su frustración, dolorida e indignada, por hechos, como las excarcelaciones de los terroristas etarras y de los asesinos y violadores de niños, provocadas por disfunciones legales y jurídicas de larga data. Pero el análisis de la situación no puede desvirtuarse limitándose a observar una realidad fraccionada. Así, ni ETA ha triunfado ni puede darle la vuelta a la contundencia de su derrota; ni las calles de España «arden» por las protestas sociales, ni las minorías radicales han conseguido poder imponer el desorden y la coacción, pese a las miles de manifestaciones registradas en el uso de la libertad. Sólo en el 0,9 por ciento de los actos de protesta ha tenido que intervenir la Policía o la Guardia Civil. La inmensa mayoría han discurrido dentro del civismo inherente a una sociedad democráticamente madura. Son hechos que conviene tener en cuenta a la hora del análisis. Hay problemas, cierto, pero el balance sale positivo.